Para los que no me conocen: soy arquitecto y argentino y me toca vivir la misma realidad que describen mis colegas que han escrito aquí. Sin embargo esos asuntos son una ramificación de la cuestión que en todo caso merecería otro hilo. Lo puntual es lo que hobokaman (que cuentas tío?, tanto tiempo) expone y con lo que coincido:
Cita:
Escritos por hobokaman
el mercado es cada vez más global, cada vez habrá más competencia, porque cada vez hay menos botones que apretar para conseguir un resultado similar en tiempo similar.
(...) Así que mejorar la fotocopiadora sólo era poner un botón verde muy grande que pusiera "copy". Cualquiera puede ver el resultado en muchos aparatos actuales, y cualquiera puede ver que cada vez es más común ver "faster, better, easier" en todos los motores de render.
Aún así, hay gente que sigue haciendo obras de arte con fotocopias...
|
En mi opinión este tío de incomprensible quehacer arquitectónico ( XD ) dice tres buenas verdades:
a) El mundo se globaliza y yo no entiendo muy bien como sigue esto: cada vez es menos lo que se fabrica (ni mencionar lo relativo a la producción primaria como la agricultura) en los países desarrollados. La producción se vuelca hacia los países más pobres por la obvia razón de los menores costos de mano de obra y energía (subsidiada, justamente a causa de los bajos salarios de la población). Los países pobres se vueleven cada vez más dependientes y los países desarrollados ven cada vez más amenazada su capacidad de dar trabajo a su población.
La infografía no puede escapara a esta realidad. No tiene que gustarnos, simplemente, es así. Inexorablemente, la competencia desde los países con renta paupérrima hará descender los costos del mercado global (particularmente en un producto que se contrata y se entrega vía internet, mirá que fácil, ni siquiera costos de aduana, transporte, seguros, ni nada de nada).
Si el mundo se globaliza, por qué con la infografía no iba a pasar lo mismo?
b) Cuando esto de los ordenadores recién comenzaba a popularizarse, dictar unas cuantas clases de AutoCad era suficiente para vivir holgadamente. Simplemente porque los cadistas eran poquísimos y eran dueños de un conocimiento parecido al de los iniciados en las artes místicas secretas. Y porque aquellos AutoCad 10, 11 eran francamente complicados de comprender para el novato. Y porque no había internet. Ni libros sobre el tema, casi. Y porque no venía en castellano.
Hoy cualquier despabilado pilla un AutoCad 200x y lo saca andando luego de un rato de tocar los botones de unas interfaces muy gráficas e intuitivas, de leer algún par de tutoriales y si es necesario, molestar un poco con preguntas en foros especializados.
No veo cómo podría evitarse que con la infografía pase lo mismo. Me jode haber dedicado años casi completos (sí, esas épocas que comentan mis colegas argentinos, sin trabajo de arquitectura) a aprender con tanto esfuerzo, a adquirir una herramienta que me diferenciaba, para ver que hoy cualquier chiquillo logra resultados que empiezan a ser peligrosamente (para nosotros) fáciles. Mencionaron las escenas de endora con scanline. Si, son excelentes. Y hay que ser un maestro para hacerlas. Para hacerlas con scanline. En cambio con un motor de render, aunque nosotros veamos las chapuzas, es fácil acercarse a ese resultado que para el ojo no entrenado será más o menos igual. Y podrá entoces cobrar 10 veces menos. Porque no es profesional, ni ha invertido años de estudio ni mucha pasta en actualizaciones y reactualizaciones de soft y hard. Le basta con poner a trotar la mula para bajarse la última versión de Max y de algún motor. Y más allá de las máquinas de la guerra de las galaxias que os gastáis vosotros, con cualquier pc normalita de hoy, de las que se compran para el hogar (doble núcleo, 1 gb de ram y aceleradora de video de 256 mb) ya es posible trabajar con soltura.
Si el software en general se vuelve cada vez más gráfico, intuitivo y directo, por qué con la infografía no iba a pasar lo mismo?
c) La tecnología se lanza al mercado para ganar dinero. Y no se gana dinero con artefactos que exijan ser ingeniero de la NASA para poder usarlos. Es obvio que el camino lógico para los fabricantes es poner un botón verde y que todo se haga solo.
No hace mucho, para escanear una imagen e imprimirla había que tener bastante conocimiento: tamaño y resolución de los mapas de bits, formatos de compresión, cómo escanear, cómo mandar eso a algún programa de diseño para imprimirlo. Hoy pones una foto en la bandeja de arriba, aprietas el botón verde y sale la foto por la ranura de abajo.
Hace unos años tener un escáner era signo de distinción, eran caros y había que ser del rubro gráfico para sacar algo de aquel aparato. Hoy en cualquier hogar hay una multifunción.
Si todos los procesos tienden a una automatización que los ponga al alcance del usuario hogareño, por qué con la infografía no iba a pasar lo mismo?
Por supuesto que seguirá habiendo excelentes infografistas profesionales. Y no hay que dudar de que seguirán habiendo artistas. Y harán maravillas con las herramientas más y más potentes. Pero este mercado tan jugoso, este nicho ecológico de una rama de conocimientos secretos en manos de unos pocos iniciados, está desapareciendo ante nuestros ojos.
Cuando cae el meterito, los gigantes de dieta super especializada, altamente dependientes de su medioambiente desaparecen. En cambio sobreviven esos animalitos a primera vista despreciables, chiquitos, que comen de todo, que viven en cualquier agujerito.
Yo fui un T-Rex, una bestia que necesitaba de un cliente con mucho capital para hacer una obra de arquitectura. Mi negocio tenía poca rotación, me bastaban unos pocos grandes trabajos al año para vivir. Cuando vino la gran crisis, estuve a punto de desaparecer. El negocito del tío que medraba vendiendo botones, billetes de lotería, caramelos y cospeles para el transporte urbano sobrevivió sin mayores sobresaltos. Hay que abrir los ojos y estar atentos y listos, no sería raro que en algún tiempo la mayoría de los que hoy viven de la infografía tengan que reconvertir su actividad para no desaparecer. Aunque no nos guste.