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Tema: Fan Fic: El Vendedor de Toallas

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    Senior Member Avatar de Vasilis-Kun
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    Fan Fic: El Vendedor de Toallas

    Vi hace unos meses la guia del autoestopista galactico, y hoy mismo me he acabado de leer el segundo libro, el restaurante del fin del mundo. Llevo estos meses flipando con el humor y el mundo de douglas adams! todo es una auténtica pasada y un verdadero parton!
    Como no me podía aguantar, he estoy haciendo una historieta (fan fic) en el universo de la guia del autoestopista galactico, ambientada justo en el mismo momento en que empieza la historia de douglas adams, y el "protagonista" inspirado básicamente, en mi trabajo. Espero que os guste. En la sección 2D estaré posteando algunos dibujillos de los personajes. Criticas por fa please!

    Alexis estaba intranquilo aquella mañana, la mañana de un jueves 15, lo cual lleva a entender que el martes anterior a aquel jueves había sido martes 13. No es que Alexis fuera supersticioso, pero aquel martes pasado había roto con la novia, que tampoco es que la quisiera mucho, pero últimamente era la única persona con la que hablar un poco. Y si, irremediable e indudablemente, Alexis se cagó en aquel martes 13 y en los gatos negros, que curiosamente vio varios aquella misma mañana y supo que, volviendo al presente, aquel jueves tampoco iba a ser nada bueno. Pero ahora no tenía novia, ¿que más le podían quitar? rápidamente miró hacia abajo, delante de sus pies, donde se encontraba Eric, su pequeño galgo recienmente comprado. Si los jefes lo llegaran a encontrar en el trabajo con aquella bestia canina tal vez aquel jueves Alexis volviera a cagarse en los jueves 15, los martes 13 y por supuesto, los gatos negros, pero por suerte, Eric estaba escondido tras el mostrador donde nadie podía verlo… A menos que el estúpido animal asomara la colita.

    _Disculpe._ Dijo una mujer gorda, vieja y con cara de pocos amigos que se hallaba delante del mostrador._ Estoy buscando un inodoro que pueda ajustarse a esta tapa.

    Para sorpresa y disgusto de Alexis, la detestable mujer sacó la tapa de su retrete delante de él y se la hizo coger. Si, lamentablemente, el trabajo de Alexis era ese: Vendedor Sanitario de un Leroy Merlin de Sant Quirze… No es el trabajo que desearía principalmente alguien que quiere dedicarse a la cinematografía, pero le permitía llegar a fin de mes a él y a su perro, y para sumar más mierda al saco, los estudios no le iban excepcionalmente bien.

    _ ¡Oye, chico!_ Gritó la señora cuando vio la cara de Alexis mirando el caracol que subía por la planta del mostrador._ ¡Que tengo el coche mal aparcado y tengo prisa!

    Alexis pensó en como podía tener el coche mal aparcado a primera hora cuando fuera del establecimiento había un parking exterior con 2300 plazas gratis y principalmente, la mayoría libres.

    _ Sí, sí, perdone señora._ Dijo al fin Alexis._ Pues para este tipo de tapa tenemos solo el modelo Victoria…

    _ ¿Victoria?

    _ Sí, Victoria…

    _ ¿Y es bueno?

    Alexis odiaba aquellas preguntas. Primeramente, le gustaría decir que él no había probado ninguno de los inodoros que vendía, y segundo, ¿Cómo demonios se sabe si un inodoro es de buena calidad? Al fin y al cabo, todos cumplen su función de tragarse los excrementos y la basura organica del ser humano. Pero a Alexis le estaba obligado ser amable con los clientes, así que su única y exclusiva respuesta, con una forzada sonrisa en la boca, podía ser:

    _ No se arrepentira señora.

    La mujer, contenta, aceptó el modelo del inodoro Victoria y Alexis tuvo que hacer el esfuerzo de cargar con el pesado retrete de ceramica. En cuanto la única clienta de toda la mañana desapareció por los pasillos del centro comercial contenta con su compra, Alexis escuchó un ladrido extrañamente familiar.

    Se asustó.

    Aquel estúpido perro ya había salido de su escondite, ya podía dar por perdido su trabajo. Corrió hacia el lugar donde provenían los ladridos, y pudo ver a Eric peleandose con un extraño hombre por una toalla. Alexis, mientras llegaba hacia el lugar de los hechos, pensó en lo que estaba viendo: ¿una toalla? ¿Que clase de cliente se pelea con un perro por una toalla? ¿Y que clase de perro se pelea con un cliente por una toalla? ¿Qué demonios tenía la toalla?

    _ ¿Se puede saber que ocurre?_ Preguntó, atónito ante la situación.

    El extraño personaje que se peleaba con el galgo llamado Eric dejó de agarrar el envase de plástico de la toalla entre sus dedos, y miró al vendedor del Leroy Merlin.

    _ ¡Oh!_ Dijo…

    Durante unas milésimas de segundo solo se escuchó el alegre movimiento de la cola de Eric que en aquellos momentos estaba celebrando la victoria con su botín entre sus fauces, con su toalla.

    _ ¿Oh?_ DijoAlexis.

    _ Si… ¡Oh!_ Dijo de nuevo aquel peculiar personaje._ ¡Cielos, lo había olvidado! ¡Esto es la Tierra!

    Aquel comentario dejó perplejo a Alexis. Aquel extraño hombre que respondía al nombre de Guybrush no provenía del planeta Tierra, como algunos ya habréis podido imaginar. Su planeta natal era una pequeña esfera situada a 40.000.000 de años luz de aquel establecimiento del Leroy Merlin, junto a la estrella Pinhapal, y llamada Gogsphera 4. Era uno de los muchos autoestopistas que recorrían la Galaxia de nave en nave y que eran irremediablemente odiados por todos los tripulantes de éstas. Los últimos cinco años Guybrush había estado buscando a un compañero perdido por aquellos parajes de la galaxia, aunque en realidad uno de aquellos años, concretamente el tercero, se los había pasado en una casa de señoras gigantes con cuatro piernas y un pecho central, jugando a un juego parecido al twister y que, lamentablemente, siempre acababa perdiendo, con lo cual dejó de visitar dicha casa de señoras y dedicarse de nuevo a la búsqueda de su amigo. Había recorrido ya varios planetas, entre ellos Magsphera, Duffsphera y un pequeño planeta de la Vía Lactea llamado Plutón y que era calificado por su Guía como “Fundamentalmente peligroso”. En cambio, ahora se hallaba en el planeta Tierra, uno de las tres rocas esféricas de aquel sistema solar que contenían vida, y a decir verdad, las formas de vida más estúpidas de los tres planetas. Pero durante su búsqueda en aquel dichoso planeta, Guy había descubierto aquella mañana del jueves 15, que una flota constructora vogona se dirigía hacia el pequeño planeta Tierra, calificado por la Guía como “Inofensiva”, con la intención de destruirla y crear una vía de circunvalación. Al parecer, hacía pocos días un desagradable vagabundo le robó la toalla mientras dormía, y espero que todos sepáis que un autoestopista galactico es igual a “nada” sin una toalla, así que se dirigió al establecimiento más cercano para comprar una toalla y hacer autoestop.

    _ ¡Pues claro que es la Tierra!_ Contestó Alexis, pensando que comenzaban a tomarle el pelo. Lo último que le faltaba era un loco necesitado de ayuda psicológica como cliente.

    _ Ya…_ Contestó el cliente de nuevo._ Veras, es que necesito esa toalla urgentemente.

    _ ¡Aquí tienes una estantería llena de toallas!

    _ ¡Sí! ¡Pero es que ese estúpido perro tiene la mía!_ Gritó, mirando a Eric. El galgo emitió un sonido de rabia que pronto cesó ante la señal de Alexis.

    _ Tengo varias toallas que son idénticas e iguales a la que tiene el perro.

    _ Creo que no lo entiendes.

    _ No, no lo entiendo.

    _ ¡Soy un autoestopista galactico procedente de Gogsphera 4, siete veces más inteligente que tú y que cualquier humano! ¡La Tierra pronto va a ser destruida y yo necesito esa toalla para superar las adversidades de la galaxia!

    Alexis casi cae al suelo después de aquello… Pero la una voz familiar pero no agradable interrumpió su caída.

    _ ¿Que esta ocurriendo aquí?_ Dijo Gregorio, el jefe de sección de Sanitarios._ ¿Y de quien es ese perro?

    _ Mío no…_ Dijo rápidamente Guybrush._ Y tiene mi toalla.

    Gregorio miró a Alexis con una mirada que lo dejaba todo claro… Si, aquel día era jueves 15, el martes pasado había sido martes 13 y aquella mañana había visto varios gatos negros… comenzaba a ser supersticioso.

    2

    Status Kyo se preparó para asumir el cargo del gobierno durante un tiempo. Silenciosamente, apagó la pantalla donde emitían la noticia de que Zaphod Beeblebrox, el infame presidente de la galaxia, había huido robando la nave conocida como el Corazón de Oro.

    Kyo se colocó pensativo en su sillón.

    Para alegría de su bolsillo, Kyo ocupaba el cargo sumamente absurdo de Representante Oficial del Gobierno en Caso de que el Presidente Enloquezca y Escape, lo cual se traducía con las siglas ROGCPEE, que, curiosamente, era una palabra usualmente utilizada por unos pequeños seres en un pequeño planeta muy peligroso del borde exterior Beta, en la Vía Lactea, llamado Plutón, y que en su idioma primitivo significaba una de las cuatro formas diferentes utilizadas para mover el cepillo a la hora de lavarse los dientes, en concreto, la forma número 2, que consistía en moverlo horizontalmente fregando ligeramente las paletas superiores. Así pues, Kyo ocuparía el lugar del Presidente en ausencia de Zaphod Beeblebrox, a quien siempre había considerado un estúpido, y a costa de él se llenaría los bolsillos de dinero, mucho dinero. Para empezar, uno de sus minuciosos planes era arruinar al poderos?simo rival de Beeblebrox, Humma Kavula, que últimamente también pasaba los días resignado haciendo largas y pesadas misas a su poderoso dios y por tanto, también había dejado a cargo de su partido político a un pamplinófeno ser llamado Jocicuo Pamflum, tan asquerosamente vago como para caminar por la calle, caer desplomado del cansancio y no levantarse hasta dos mañanas después.

    Kyo apretó el botón de su escritorio y apareció un holograma que habría resultado comprometedor de estar su mujer a su lado, donde aparecía su última amante haciendo un baile realmente sensual. rápidamente, volvió a apretar el mismo botón y el holograma desapareció.

    _ Dichosas máquinas, nunca se cual es cual._ Susurró apretando los dientes.

    Esta vez apretó el botón corriendo. En cuestión de segundos apareció un hombre vestido con uniforme militar.

    _ ¡Señor!_ Gritó el soldado._ ¿¡Me ha hecho llamar Señor!?

    _ No grites Teniente, sólo estoy a dos metros._ Kyo se mostró molesto.

    _ ¡Lo siento señor!_ Gritó de nuevo el soldado.

    Ante tal cantidad de disciplina que ni siquiera su superior podía arrebatar, lo único que pudo hacer Kyo fue seguir hablando.

    _ Teniente Slashhmi-to’que Kere’h Jilk…

    _ ¡Señor si Señor!

    Kyo supo contenerse de nuevo, apretando los dientes, las manos, los párpados y las piernas.

    _ Hemos recibido información de que el líder de la oposición Humma Kavula tiene en su poder grandes armas tan peligrosamente nocivas que podrían llegar a acabar con la especie en peligro de extinción llamada Michigong, en el planeta Gogsphera 7…

    La Enciclopedía Galactica describe a los Michigong como inteligentes insectos de dos milímetros de longitud dotados de una voz excelente y que están considerados los creadores del himno del planeta Magsphera, uno de los planetas nucleares del Núcleo Nuclear.
    La Guía del Autoestopista Galactico dice esto sobre los Michigong: Tal y como dijo Osto Palishux, el creador del Corr’or Pam Roll, el estilo de música predominante en la mayor parte de la Galaxia actualmente, “Los Michigong son la voz del dios de la música interestelar”. Estos diminutos animales insectoides de apenas dos milímetros de longitud son famosos por sus dotadas cuerdas vocales que ya han puesto voz a más de un himno planetario. Actualmente, estos pequeños genios de la música están en peligro de extinción según varios estudios de las cualificadas Universidades Interplanetarias del Sector HP plural Z Beta, apenas quedan cuatro colonias de unos 60.000.000 de ejemplares cada una y afirman que, cada vez que un humanoide pisa en una de esas colonias, un tercio de ella desaparece, cuando lo hace un vogon, la mitad de ella desaparece, y cuando las colonias se ven bajo los temibles faldones de una voraz bestia bluckdaker de traal, éstas desaparecen bajo el grito ensordecedor pero increíblemente melódico de todos los Michigong gritando la palabra “Auxilio”

    _…Eso es algo que no podemos permitir teniente._ Continuó Kyo._ ¡Los Michigongs son necesarios para poder tener himnos planetarios!

    En realidad, el plan de Status Kyo era culpar de alguna estrepitosa manera al líder Humma Kavula, etiquetandolo de peligroso para la Galaxia, culpandole de tener en su posesión armas para acabar con los Michigongs, una raza muy querida por la mayoría de la población. Ahora que el sumamente estúpido Zaphod Beeblebrox había escapado, Humma aprovecharía para ganarse a la galaxia con sus pesadas y aburridas misas basadas en estornudos. El teniente Jilque era el candidato adecuado para viajar hasta allí y apresarle durante un corto período de tiempo equivalente a unos dos años de prisión gubernamental.

    _ ¡Señor si Señor!

    _ Dirígete al planeta Viltvodle VI y arresta a Humma Kavula y… traelo aquí.

    _ ¡Si Señor!

    3

    Me han echado, me han echado, me han echado, me han echado… Alexis no paraba de repetir esa frase todo el rato. El hombre que había sido la causa de su expulsión le acompañaba fuera del establecimiento, con su toalla en mano. Eric les seguía de cerca, meneando la colita por que, tanto él como el extraño habían conseguido la toalla que querían, ya que Guybrush al final consiguió convencer al chucho de que le diera la toalla, todo gracias a un pez llamado Pez Babel que se introduce en el oído y al instante, traduce todo los que se diga en cualquier idioma, incluso el de los animales. Así que Guybrush y Eric ya habían congeniado, se habían puesto de acuerdo y habían conseguido repartir una toalla para cada uno.

    _ Tranquilo hombre._ Dijo Guy con un tono que no consolaba ni a una mosca. De hecho, el concepto de “consolar” no se efectuaba de la misma manera en la Tierra que las demás regiones lejanas de la Galaxia._ Ahora mismo no necesitabas ese trabajo…

    _ ¿¡Qué!?_ Gritó Alexis enfurecido.

    _ Que ahora mismo no necesitabas…

    _ ¡Ya se lo que has dicho maldito lunatico!

    Guy obvió al fin que lo que decían sobre la gente de la Tierra era verdad. Tenían una costumbre algo rara de hacer repetir las cosas aún habiéndolas oído perfectamente. Era realmente irritante, pero Guy necesitaba quedar en paz con aquel pobre muchacho, sintió que debía hacer algo por él. Mientras lo acompañaba a su vehículo aprovechó para mirar su radar. Solo quedaban 12 minutos para que llegara el momento de salir corriendo de aquella bola, así que la única cosa que podía hacer por aquel terrícola era llevarselo de allí, dejarle ver la Galaxia. No imaginaba lo que frustrante que podía ser morir estando decaído, claro que en aquellos precisos instantes, Alexis veía su vida por los suelos, y aparte de repetirse en su interior la frase “Me han echado”, comenzó a adjuntar algún que otro concepto a su diálogo: “Me han echado, quiero a morir, me han echado, quiero a morir, me han echado, quiero a morir…” Así pues, es fácil suponer que Alexis en aquellos precisos instantes estaba deseando morir aún estando decaído, deprimido, malhumorado y recitando frases en su interior que no ayudaban a levantarle la moral.

    _ Bueno, creo que aún no me he presentado._ Dijo el autoestopista._ Me llamo Guybrush.

    _ Y a mi que…

    _ Tú lo que necesitas es una buena dosis de Alcohol para subirte los animos._ Dijo Guy buscando un bar. Cerca del establecimiento donde acababan de despedir a Alexis había otro establecimiento el doble de grande con un pequeño bar en una de las esquinas._ Vamos, vamos…

    Guy comenzó a tirar del brazo de Alexis, que, resignado, y visto que su estúpido perro que también había sido complice del plan para su despido estaba contento y en dirección al bar, el ex – vendedor de toallas y WCs comenzó a caminar siguiendo a los dos seres que más odiaba en aquellos instantes.

    Una vez sentados en la mesa, Guybrush se levantó y fue de mesa en mesa recogiendo todos los saleros. Al final, llegó de nuevo junto a Alexis y los colocó todos entre sus manos.

    _ Necesitaremos sal._ Dijo el autoestopista._ Ahora, tú lo que necesitas es subir esos animos… _ Guy miró a Eric unos instantes y le susurró algo a la oreja._ Dime chucho, ¿que nombres tienen las bebidas en este planeta?

    _ Pídele un chupito de tequila._ Dijo Eric limpiandose el morro con su alargada lengua.

    _ ¡Camarero, siete chupitos de tequila, y rápido por favor, que tenemos prisa!

    El camarero, extrañado por las horas tempranas para tomar alcohol, sirvió sin rechistar lo que el autoestopista había pedido. Antes de que el camarero diese medía vuelta, Alexis ya había tragado uno de los chupitos, golpeando al finalizar fuertemente la mesa con el pequeño recipiente.

    _ Alexis._ Dijo el descendiente de los simios. Guy arqueó una ceja._ Me llamo Alexis… encantado.

    _ ¡Ah!_ Suspiró el viajero de la galaxia. Por un momento había pensado que aquel terrícola también procedía de los rincones más recónditos de la galaxia, ya que la palabra Alexis en el idioma de los Jatravartidos de VintVodle VI significaba: esta bueno. Más tarde reflexionaría en como le recibirían en aquel planeta si algún día llegara a ir… ¿se lo tomarían en serio? Alexis atacó a otro chupito, esta vez de forma más agresiva.

    _ Bien, nos quedan 7 minutos… ¿Crees que podrás con los demás?

    Alexis balbuceó un ligero “pues claro”, y atacó al tercer y al cuarto chupito. Fue entonces cuando a Alexis le comenzaron a subir los ánimos. La primera sonrisa se le dibujó en la cara, y sus ojos parecieron mirarse el uno al otro durante unos instantes, cuando de repente, la mesa tembló. Guy se levantó, metiendo los saleros en su bolsillo y cogiendo a Alexis del brazo para salir del bar.

    _ ¡Vamos estúpido mono!_ Dijo saliendo del local. Miró al cielo y pudo ver como una de las inmensas naves de la flota constructora vogona tapaba el cielo justo encima de ellos.

    Alexis solo pudo reírse y agarrar a Eric ante aquel espantoso ruido.

    _ Eso, muy bien, agarra al chucho, así nos iremos todos… y ahora, la señal

    Guy levantó la mano hacia el cielo, cerrando el puño pero manteniendo el pulgar bien recto. Un pequeño destello salía de un objeto parecido a un anillo. Cuando inesperadamente, una voz ronca y con tono burocratico comenzó a sonar por todo el planeta, la señal de Guy fue aceptada por alguna remota nave del espacio exterior, a más de mil años luz de aquel planeta, ya que la nave constructora vogona no los recogió, algo afortunado para los tres autoestopistas, Guy, Alexis y Eric, ya que ninguno de estos dos últimos sabía lo desagradables que podían llegar a ser los vogones, tanto física como socialmente.

    El vogón que había comenzado a hablar, terminó al poco tiempo de dar su mensaje a los futuros cadáveres polvorientos de la Tierra y dio la orden de demolición. El planeta terrícola desapareció, según lo que indica en los planos de Alpha Centauro, para abrir paso a una Via de Circunvalación… los vogones claro, estaban encantados de hacer aquel trabajo.

    _ Alexis._ Dijo Guy balanceandolo._ despierta simio, estamos a salvo, pero no del todo.
    El ex – vendedor abrió lentamente los ojos. Se encontraban en una sala limpia y blanca. El diseño era todo muy aerodinamico, pero había algo que fallaba… algo estropeaba una visión tan limpia. Aquel dichoso fluorescente no paraba de parpadear. Era evidente que estaba estropeado, pero Alexis pensó en “¿Por qué demonios tiene que estar parpadeando? Podría quedarse funcionando o sin funcionar, pero maldita sea, quedarse entre medio era lo más difícil”.
    _ ¿Dónde esta tu toalla?_ Preguntó Guy.
    Alexis miró por el suelo de toda la sala, no estaba.
    _ Te dije que la necesitabas para sobrevivir._ Reprochó el autoestopista.
    _ Solo es una toalla…
    _ Que puede salvarte la vida
    Se centraron en su lugar de acogida. Sin duda alguna, en aquella nave había alguien. A un autoestopista no lo pueden recoger si no le dan permiso al captar su señal, así que alguien había accedido a que subieran en aquel vehículo. A simple vista parecía una nave esférica, como mínimo, toda aquella sala. De pronto, tras estar meditando durante unos instantes sobre donde había dejado su toalla, Alexis pensó en aquel estúpido animal que había hecho que le despidieran del trabajo. Aquello le llevó irremediablemente a pensar en su trabajo, en su ciudad, en su país y al fin, en su planeta.
    _ ¡Guy!_ Gritó. El autoestopista se asustó ante aquella repentina reacción del terrícola._ ¿Dónde esta Eric? ¿Donde esta mi planeta? ¿Y por que desde esta ventana se ven las estrellasí Cuando hemos salido del bar era de día.
    _ Ah, ¿te refieres al chucho y a la Tierra?_ Concluyó Guy tras pensar en todo lo que le había preguntado Alexis._ La Tierra destruida, y supongo que el perro se habrá soltado en medio del viaje… ¡Claro, ahora entiendo por que no tienes toalla! ¡La llevaba el perro!
    _ ¿Cómo?
    _ Eso
    _ ¿Eso que?
    _ Si lo sé no te recojo
    _ ¿De donde?
    _ ¡De la Tierra!_ Gritó Guy.
    _ ¿De verdad esperas que me crea que ya no existe?_ Era una pregunta retórica, pero Alexis pensaba en la respuesta contraria.
    _ Sí…
    De pronto, un sonido les interrumpió. En aquella nave aparentemente no había nadie, pero de pronto, de detrás de los mandos, asomó una figura de cuatro patas con un manto blanco encima y soltando un ligero “u”
    _ ¡Demonios un fantasma!_ Gritó Guy.
    _ No es un fantasma, es Eric, y eso que lleva encima es mi toalla. Me conozco su horroroso quejido de cuando tiene hambre.
    Eric asomó la cabeza por debajo de la toalla.
    _ ¿Lo vesí_ Dijo Alexis queriendo mostrar su mente lógica e inteligente._ En esta nave no hay fantasmas.
    _ ¿Ah no?_ Dijo una voz.
    _ No..._ Contestó Alexis antes de darse cuenta de que la voz no le era familiar._ ¡Cielos! ¡Un fantasma!
    La voz soltó una ligera carcajada mientras veía como Alexis y Guy se arrinconaban asustados.
    _ Sí, soy el espíritu abandonado de un hombre que sufrió mucho antes de morir por que me quitaron a mi amada…
    _ ¿De verasí_ Preguntó incrédulo Guy.
    _ Sí, y ahora os voy a comer…_ La voz hizo una pausa al escuchar un pequeño goteo cerca._ ¡Maldita bestia inmunda!
    Bajo el lugar de donde provenía la voz, Eric estaba dejando su pequeña marca oficial. De haber habido un WC Victoria allí, el chucho habría hecho las necesidades en el mismo lugar, así que no hay que lamentarse buscando otras opciones como las de “que habría pasado sí…”… Eso solo lo hacen los tontos. De todos modos, Eric estaba meando en algún lugar. La voz se destapó. De pronto, apareció un ser extrañamente peculiar. Tenía un cuerpo extremadamente delgado, e iba bien vestido: todo negro y una elegante pajarita en el cuello. Sólo algo lo hacía muy extrañamente peculiar: el hecho de no tener cara. En su lugar tenía un extraño fluido que iba cambiando pausadamente de color, donde solo se podían localizar los ojos del individuo, dos esferas que en aquellos momentos miraban a los recién llegados. Su cabeza era como una llama de fuego transparente con ligeros toques de colores vivos en sus lados. Como ya he comentado, aquel extraño ser iba bien vestido, de no ser por el meado de Eric, al que ahora estaba maldiciendo, intentando observar todas las zonas de su pantalón donde el chucho había dejado chorro.
    _ ¡Saludos!_ Dijo._ Siento haberos asustado, a veces soy un poco travieso con mis dones.
    _ ¿dones?_ Inquirió Alexis.
    _ Sí, tengo la habilidad de hacerme invisible si quiero… desaparezco ante los ojos, pero no ante el olor, como ya ha demostrado esa bestia inmunda que esta a tus pies.
    Eric sollozó.
    _ Solo es un perro._ Aquella era la primera vez que Alexis protegía a su mascota.
    _ Lo que sea…_ Protestó el extraño._ Por cierto, mi nombre es Divagar, encantado de haberles recogido… Vago aquí y alla buscando autoestopistas, por desgracia, como ya he dicho, abuso de mis dones, y al parecer todos los que he recogido han saltado por la trampilla en cuanto han oído mi voz de fantasma. Claro que ellos no llevaban… perros, así que no me dio tiempo a mostrar mi verdadera esencia.
    _ Yo soy Guybrush, y él es Alexis, probablemente el único superviviente humano del recién desaparecido Tierra, y él es Eric, una bestia inmunda que les gusta llamar perros.
    _ ¡Encantado pues!_ Contestó Divagar._ Estáis a bordo de una nave con mi misma esencia, el Divagar.
    _ ¿Te llamas igual que tu nave?_ Preguntó Guy.
    _ Ella se llama igual que yo más bien.
    Alexis tuvo uno de aquello esplendorosos momentos en los que volvió a la realidad después de un extraño estado de trance que en su planeta acostumbraban a llamar “empanada”. Se acercó a Guy y le susurró…
    _ Oye, este tipo no tiene cara…

    La casualidad… ese extraño fenómeno que algunos llegan a afirmar su no - existencia, pero que curiosamente, son, muy a menudo, sus víctimas. En algún remoto lugar de la galaxia, se encontraba uno de aquellos seres que no creen en este fenómeno: Guudrun. No penséis que era un científico o algo parecido que pudiese demostrar con hechos que la casualidad no existe. No, Guudrun no podía demostrar que la casualidad no existía, pero tenía sus teorías. Puesto que no tenía familia ni mascota alguna, necesitaba soltar aquellos argumentos… Y decidió, tras meditarlo mucho tiempo, trabajar de taxista, para poder explicarle a sus clientes lo que él pensaba sobre aquel fenómeno que había causado ya la desaparición de varias especies inteligentes, entre ellas los Puthucos, extraños seres sumamente inteligentes que estaban acostumbrados a saber la respuesta a todas las preguntas, y cuando de repente, uno de los niños de aquella misma civilización le preguntó a su madre “¿Qué es la casualidad?” todos se sumieron en un terrible silencio durante siglos, intentando buscar la respuesta. Acabaron volviéndose locos y matandose unos a otros.
    Su taxi, el número 128 de la compañía “Taxis Galacticos Amarillos: les llevamos al fin del Mundo”, era un simple vehículo de cinco plazas, entre ellas la del conductor. Llevaba ya los últimos cinco años al volante, y nunca se habían subido dos individuos más lunaticos que los que iba a recoger. Se hallaba en Endolsmoon VII, un planeta lleno de locos cuyos nativos eran todos y cada uno de ellos alérgicos al alcohol. Así pues, a falta de ello y sin conformarse con el placer que les producían las hierbas de su planeta, decidieron beber leche para hacerse los borrachos en las fiestas. Si, leche. Necesitaban sentirse felices. No podían afrontar los problemas de la vida sin hundirlos antes en su baso de leche. Y eso es lo que hacían. Claro esta, nunca estaban borrachos, solo lo hacían ver… Según ellos, así se integraban mejor en las fiestas y conseguían amigos y amigas mucho más rápido. La extraña historia de este planeta dejó claro a muchos estudiosos del cerebro que, aun que la sociedad prescindiera del alcohol, todos acabarían locos igualmente.
    Guudrun recorría las innumerables “calles imaginarias” de una ciudad cuyo nombre es relativamente innecesario saber cuando, de repente, dos figuras levantaron la mano y gritaron, o balbucearon más bien: ¡TAXI!
    El taxi número 128 paró bruscamente y abrió sus puertas para que entraran, aun que fue una entrada aparatosa. Era evidente que estaban hasta el cuello de leche, y los dos individuos se dieron como mínimo 3 golpes contra la carrocería del coche antes de entrar por la amplia puerta.
    _ ¿A dónde les llevo?_ Dijo Guudrun cerrando las puertas con un control automatico.
    _ Ahj Phin… pel… Munfro…_ Balbuceó el más alto.
    _ ¿Qué?
    _ ¡Al Fin de Semana!_ Balbuceó el otro, más bajito.
    _ ¿Cómo?
    _ ¡Al Fin del Mundo!_ Lograron decir los dos.
    El Fin del Mundo… Más conocido como Taratasphera. Cualquier ser inteligente habría hecho una imagen infernal en su cerebro a la hora de sentir las palabras “El Fin del Mundo”. Sin embargo, los Endolsmoonianos se referían con ese nombre a la ciudad de la leche. Sí, era una ciudad donde había un constante botellón en las calles… botellón o tetrabrique claro. Allí se hallaban prácticamente todos los jóvenes del más conocido “planeta lechero” y, lógicamente, también se encontraban allí los creadores de esa leche: Los Buggs. En el planeta tierra, las bestias más productivas de la leche eran las vacas, grandes animales manchados de negro que, al hacerles un masaje en las tetas propiamente dichas, te proporcionaban leche. En Endolsmoon VII, la leche provenía de los Buggs, algo más grande que las vacas. Bueno, en realidad, bastante más grandes. Eran el triple de largas, con lo cual, bajo su estómago, tenían una larga hilera de pezones por donde salía la leche a borbotones. La diferencia más grande que existe entre este animal y las vacas es, sin duda, que no están manchados, y por lo tanto, son más limpios.
    _ Al Fin del Mundo pues…
    Guudrun no sabía si aquellos dos individuos escucharían sus teorías sobre la casualidad. No obstante, el taxista siempre había preferido romper el hielo hablando que mantener el silencio. Aun que claro, con aquellos dos, el silencio no se mantenía ni con pilares.
    _ ¿Vosotros creéis en la casualidad?_ Dijo al fin
    _ ¡Puijh Pi Cuti!_ Sonrió uno.
    _ Ya veo…_ Guudrun calló durante todo el viaje.
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