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Tema: Novela por capitulos intriga,suspense,terror psicologico

  1. #1
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    Thumbs down Novela por capitulos intrigasuspenseterror psicologico

    Hace años (bastantes ya) empecé una novela haciendo de personajes a la gente de clase (la universidad tiene eso) y lo que empezó como una tontería de críos, acabo con todo un rebomborio cada semana en clase, con lo que hacían y/o decían los personajes de la novela que se basaban en mis compañeros de clase (vamos no es que se basaran, es que eran ellos los protagonistas).
    Viendo el éxito que tuvo, seguí escribiendo y, la que os pondré es la última y a la que más se enganchó la gente y de la que aún nadie a acertado quien es, bueno, no puedo desvelarlo luego lo explico mejor.
    El caso es que, siempre he pensado que escribir novelas.editarlas en un libro, enderlas y que luego el lector las lea en su casa, para mí es muy frío (si, da más dinero) pero, no hay dinero que pague la opinión en directo de lo que piensa un lector y ya no, si le gusta o no le gusta, sino (tal y como esta orientada la novela) quien cree que. Hará x cosa o cual es su sospechoso/a/as/os y ver cómo capítulo a capitulo, la gente, interactúa entre entre ellos mismos y van desarrollando un seguimiento paralelo a la vez que especulativo, que eso no te lo da ningún libro (desde el punto de vista del escritor).
    Quiero decir, un escritor puede preparar su historia para que de giros, pero se pierde las emociones, sensaciones, todo lo que le pasa por la cabeza al lector, como cuando les a Agatha cristie y vas diciendo: fijo que este es el asesino hasta que llegas a un punto y dices, coño pues va a ser que no, quien será?
    Si eso lo sumamos a dos personas que lo lean a la vez, ya tenemos la complicidad de dos lectores que comparten información y van intentando adivinar por dónde irán los tiros o, que pasara después.
    Bien, esto es lo que quiero y lo que me da la oportunidad de ver en el foro, y este es el motivo por el cual os suelto esta parrafada (disculpad, ya sabéis que mis mensajes siempre acaban siendo largos) y, os empezaré a dar la tabarra, ejem quiero decir capítulos, para que los leáis, opinéis, cuchicheis, marujeais, etc que es lo que realmente me motiva a poner mi trabajo.
    Por tanto, pondré dos mensajes (que serán paralelos).
    Este, en el cual irán los capítulos que iré poniendo a lo largo de x tiempo (aun no he pensado cada cuanto poner un capitulo, si cada fin de semana, para que lo podáis leer tranquilamente durante el fin de semana y especular durante la semana, por ejemplo) y un segundo mensaje, en donde será ahí donde la gente pueda opinar, comentar, decir, intentar adivinar lo que sucederá a continuación, y lo más importante, como no, en el caso de que hubiera un asesino (hipotéticamente pongo de ejemplo) quien seria el primero en adivinarlo y razonarlo. (digo hipotéticamente y como ejemplo ¿eh? No quiere decir que haya un asesino, o quizá si? Ah no sé no sé).
    Bien creo que más o menos se habrá entendido la idea y la motivación por la cual iré colgando mi trabajo, así que, espero que a la gente que le guste leer y sobre todo, este tipo de novelas en concreto: misterio, intriga, suspense, terror psicologico, se llegue a enganchar del mismo modo que ha sucedido en mis novelas anteriores antes y durante la universidad, solo que ahora, en lugar de interactuar en persona, será en un foro.
    Bien, dicho lo cual, os dejo con, el primer o el primero y segundo capítulo (lo tengo que mirar para ver dónde es mejor dejarlo, que esclavas soy) y abrir el mensaje paralelo para que el marujeo se haga ahí y así, este, queden todos los capítulos consecutivos, así pues sin más dilatación, perdón perdón, dilación, en que estaría yo pensando? Que empiece la función.
    Posdata: disclaimer novela no recomendada de menores de 18 años. (Pepius, sh sientante en la esquina que no te vera nadie).
    Última edición por devnul; 05-09-2005 a las 03:04

  2. #2
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    Wink Sobreviviras? capitulo 1

    ¿Sobreviviras? (todos los derechos reservados @ 2003). Oscuro. Frío, silencio absoluto. Estoy sentado en el suelo, apoyado en la pared. Mis muñecas están encadenadas a la pared, ocultas tras mi espalda.
    No estoy en una habitación. Las yemas de mis dedos están sobre la, fría y rugosa pared, como si fuera una roca. Mis piernas se deslizan inútilmente sobre el suelo, arenoso, pero duro.
    En frente mío, lo desconocido, está todo oscuro, frío, en silencio, no sé qué hago aquí, no sé dónde estoy, no sé cómo he llegado hasta aquí, no se siquiera si estoy vivo, aunque mi corazón late cada vez con más fuerza.
    Intento agudizar la vista, buscando alguna referencia delante mío, algo de luz, alguna forma de algún objeto perdido, algo, que me de alguna pista de dónde puedo estar, pero no lo encuentro. Solo oigo mi respiración, mientras mi cabeza gira de izquierda a derecha cada vez más rápido, pero no veo nada.
    La postura en la que estoy, es cada vez más incómoda, los grilletes aprietan con fuerza mis muñecas, y tengo los hombros doloridos por la tensión. Intento zafarme de las cadenas tirando con fuerza, una y otra vez, pero todos mis esfuerzos son inútiles, solo consigo agotar las pocas fuerzas que tengo. El sonido de las cadenas es lo único que parece estar vivo aquí.
    Entonces, una gran luz blanca me ilumina por completo, no puedo mantener los ojos abiertos, tiene demasiada intensidad, bajo la cabeza e intento abrir mínimamente los ojos para ver algo, pero no puedo, tanta luz hace que sea imposible ver nada, un ruido, si he oído un ruido, hay alguien ahí, hay alguien ahí.
    -Quien esta ahí? Quien esta ahi?
    Pero no obtengo respuesta, el corazón acelera su ritmo, y el miedo empieza adueñarse de mi cuerpo, la respiración acompaña al corazón en su incremento incesante, una sensación de terror invade mi estómago y asciende lentamente por mi cuerpo, una sensación indescriptible, como si estuvieran a punto de arrancarme desde dentro el corazón, los intestinos, el hígado, hasta que esa sensación llega al cuello, y prácticamente no puedes ni respirar. Mi respiración cesa, los rápidos latidos de mi corazón retumban en mis oídos cada vez más fuerte, más rápido, con más presión. De repente, un ruido seco, sobre el suelo, como un saco dejado caer, acompañado de un brutal golpe metálico, me sobresalta y me devuelve la respiración, esa respiración agonica que se tiene cuando entras en una crisis nerviosa, esa respiración incontrolada, rápida, entrecortada, mirando de nuevo rápidamente de izquierda a derecha con los ojos semicerrados, hasta que el eco metálico cesa por completo, y con él, la luz que me ciega.
    Todo vuelve a estar oscuro, pero mi respiración sigue acelerada, sigo mirando de nuevo en frente mío, a mis lados, pero es inútil, no veo nada, sin embargo, tengo una extraña sensación, noto algo enfrente mío, no veo nada, pero siento que está ahí.
    Todo vuelve a estar como antes.
    Mis ojos empiezan a cerrarse, estoy cansado, no sé cuánto tiempo ha transcurrido, pero tengo la boca seca y el cuerpo adormecido, mis ojos siguen cerrándose, cuando de repente.
    -Hennnry.
    De nuevo el corazón se me dispara, los ojos abiertos como platos intentan ver quien ha pronunciado mi nombre.
    -Quien esta ahí? – dije asustado mientras seguía moviendo mi cabeza –.
    -Trannquilo Henry.
    -Como sabes mi nombre? Quien eres? Donde estas?
    -No me reconoces Henry?
    -Me conoces? De que me conoces? Quien eres? Qué hago aquí?
    -Tranquilo hennnry. – dijo en tono burlon. -.
    -Deja de decir que me tranquilice. Quien eres? Y donde estoy? Contesta.
    No obtuve respuesta, esa voz dura, seca, estriada, calló y con ella, el eco que persistia en mis oídos. No entiendo nada.
    Entonces, una tercera voz, sonó encima nuestro. Era una voz agresiva, amenazante, directa, dura, grave, firme.
    -Solo uno de los dos, puede salir de aquí.
    -Quién eres tu? – dije mirando hacia el oscuro y perdido infinito en el que me encontraba -.
    -Calláte y escucha hennnry. – dijo la voz anterior de nuevo burlándose de mi, lo que hacia que me encendiera aún más.
    -Solo uno de los dos saldrá con vida de aquí. Si quieres la libertad, tendrás que luchar por ella, su muerte te dará la llave de la salida, tu muerte, lo dejara libre a él. – dijo la voz en tono desafiante.
    -Que clase de broma macabra es esta? Soltarme. – dije mientras tiraba con fuerza de las cadenas, una y otra vez –.
    -Sobrevive para escapar, lucha para escapar, muere para desaparecer.
    Esas fueron las últimas palabras de la voz que se alzaba sobre mi cabeza. Sobrevive para escapar. A que debo sobrevivir? Que es esto? Su muerte me dará la libertad? La muerte de quien? Estoy empezando a volverme paranoico, ya no se ni que pensar, que clase de juego macabro es este? Quien me ha metido aquí?
    Mi cabeza intenta analizar todo lo que acabo de oír, pero no puedo pensar claro, mil ideas vienen y se van de mi cabeza, y ninguna de ellas me aporta algo coherente. Entonces, de nuevo la agonía.
    -Lo sé todo de ti herny. – dijo la voz que tenía a unospregunta delante mío.
    -Quién eres? – dije enfadado mientras mis puños se retorcian de rabia tras mi espalda –.
    -Tu mujer. Susan, tu hija. Sally. – dijo en tono pausado.
    -Quién eres. Quien eres. Dime de una puta vez quién eres?
    -Me alquilastes una habitación hace tiempo herny. Cuando Susan y tu os mudasteis a una zona más alejada de la ciudad, necesitabais dinero, tu trabajo no iba bien, y me alquilasteis la habitación.
    -Que dices? Yo no le he alquilado a nadie una habitación. Déjate de gilipolleces. Quien eres? Como sabes los nombres de mi mujer y de mi hija?
    -Cuantas veces te has despertado en algún sitio y no sabias que hacías ahí Henry? Cuantas veces, te has dado cuenta que no sabes cómo has llegado hasta a un lugar en el que te acabas de dar cuenta que estas?
    La rabia se transformo en miedo, el miedo en desesperación, la desesperación en frustación, tenía razón. Había veces que, aparecía en un sitio y no sabía que hacia ahí. Susan nunca se acostumbro a eso, pero siempre que ocurría recurría a ella, tenia muchísima paciencia conmigo, pero como sabe el eso?
    Entonces una imagen me vino a la cabeza, recuerdo que quería bajar al sótano a dejar unos trastos de la mudanza que aún teníamos por ahí, pero la puerta estaba cerrada con llave. Fui a buscar a Susan, y se lo conté.
    -Susan, la puerta del sótano está cerrada. Donde has metido la llave?
    -La llave? La tienes tu Henry, me dijiste que no querías que bajara al sótano, porque las escaleras estaban medio podridas y podría caerme, que estando embarazada no podía bajar por esas escaleras hasta que las arreglaras, te quedaste tu la llave.
    -Estas segura?
    -Claro cariño, estoy segura. – dijo mientras me acariciaba la cara y unos ojos compasivos besaban los míos en un interminable silencio.
    Era verdad, le alquile el sótano a un individuo, que solo quería utilizar para guardar trastos viejos, no para vivir ahí, pero no se lo dije a Susan, nunca me hubiera dejado hacerlo, pero el nunca entro en casa. Yo iba a recogerlo en coche, cargabamos en el lo que quería que le guardara, me pagaba, y luego yo volvía a mi casa, nunca le di llaves, sería absurdo, por eso no quería que bajara Susan al sótano, no quería que viera, qué tipo de cosas guardaba en el sótano. Quizá me siguió algún día? Pero no pudo entrar en casa, el buzon.claro, por eso sabe el nombre de Susan, su nombre aparece en el buzon, pero, como sabe el resto?
    -Me acuerdo de ti. – dije mientras intentaba buscarlo entre el absurdo silencio.
    -Bien Henry.
    -Que hacemos aquí los dos? Quien es el otro tío? Que se supone que es esto? – dije subiendo cada vez más mi tono de voz –.
    -Muy fácil Henry. Sobrevivir, si ganas tu.vuelves a casa, como si nada hubiera pasado, ni te acordaras de lo que ha sucedido, sin embargo.
    -Sin embargo, que?
    -Si mueres tu, yo me quedare con Susan, con Sally, con tu casa, tu trabajo, tu vida, yo seré tu.
    -Pero que estas diciendo? Estas loco.¿pero, pero cómo puedes decir tantas gilipolleces?
    -Es simple Henry, cuando nos suelten, solo uno de los dos puede quedar vivo, y te aseguro, que voy a ser yo.
    Ese último yo resono por todos lados, incluso dentro de mi estómago, ese hombre estaba completamente loco, me iba a matar para conseguir mi vida? Pero que es esto? Esta loco, esta loco, esta loco, estaloco, esta loco.
    De nuevo el silencio se instauro en mí mente, en mis oídos, en mí cuerpo, si dejaba de respirar, podía percibir su respiración, pausada y tranquila, frente a la mía, entrecortada, nerviosa, acomplejada.
    Tengo que recordar todo lo que paso con este hombre, no sé por qué lo había olvidado, apenas tengo recuerdos difusos de el, tengo que recordar, tengo que recordar para sobrevivir.

  3. #3
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    Wink Sobreviviras? capitulo 2

    Eran las 00:15. Había quedado con vince, en la esquina mccartur, para recoger su paquete, cobrarle y llevármelo a mi sótano, como de costumbre. Estaba dentro del coche, con las luces apagadas, la calle estaba silenciosa, apenas se oian un par de perros, y estaba cansado. Puse la radio hasta encontrar una emisora con una melodía tranquila, cerré los ojos, y deje fluir mis pensamientos.
    Un par de golpes en el cristal me despertaron. Gire la cara medio atontado, y vi a vince fuera, con su cara de facciones marcadas, sin afeitar, como solía ir siempre. Estaba lloviendo a cantaros, mire el reloj y eran ya las 2:30, no sé cómo me había podido quedar dormido tanto tiempo.
    Vince me hizo un gesto para que saliera del coche, abrí la puerta y me dirigi hacia el maletero. Ahí en el suelo, estaba el paquete de vince.
    -Se puede saber por que has tardado tanto? – le dije mientras miraba mi reloj-.
    -Las cosas no siempre salen como uno quiere Henry. – dijo con su típica voz burlona y arrogante –.
    -No sé si esto va a caber en el maletero. – dije mientras le exaba un ojo al paquete, envuelto en varias bolsas negras –.
    -Pues esto no es todo, este es el primero.
    -Vaya, pero, hay más?
    -A ti que más te da? No te pago 200 dólares por cada paquete que me guardas?
    -Si. – dije bajando la cabeza.
    -Entonces, calla y ayúdame a meterlo en el maletero. – dijo en tono amenazante, –.
    Estaba acostumbrado a que los paquetes de vince fueran voluminosos, pero desde hacia un tiempo, eran excesivamente voluminosos, afortunadamente, seguían cabiendo en el maletero.
    Nos agachamos los dos, y subimos con sumo cuidado el paquete mojado al maletero, mientras vince miraba a izquierda y derecha para comprobar que nadie nos vigilaba.
    -Vamos, sube al coche. – me dijo mientras cerraba el maletero –.
    -Pero no habías dicho que habían más? – dije confuso –.
    Pero no me contesto.
    La rutina era siempre la misma, cada miércoles por la noche, a eso de las 00:15 tenía que esperar a vince en alguna dirección que me había dicho antes por teléfono. Recogia su paquete, dejaba a vince cerca de alguna casa cuya numeración no concordará con la fecha en la que estábamos, y luego yo, olvía a casa.
    Después de dejar el coche, en el parking, sacaba el paquete del maletero y lo bajaba al sótano. Ahí, lo dejaba junto al resto de paketes, con una numeración y una frase que vince me decía para cada paquete. Supongo que cada uno tiene sus manías a la hora de organizar las cosas, pero vince era muy estricto. Al fin y al cabo era el quien me pagaba, así que, tampoco le tenía que dar mayor importancia, ni a eso ni al sitio donde quería que lo dejara en cada viaje. Yo no me tenía que preocupar de estas cosas, ya me lo dejó bien claro una vez.
    Luego, subía a la habitación, me quitaba la ropa, y me volvía a meter en la cama sin que Susan se diera cuenta.
    Nos acostábamos temprano, a eso de las 22:00. Ella era de sueño rápido, así que, no me costaba mucho esperar a que se durmiera para poderme ir luego, sin hacer ruido. Gracias a esos ingresos extra, pudimos pagar la hipoteca de la nueva casa. Susan creía que mi jefe me daba dinero negro, por horas que hacia de más, sábados que no tenía que trabajar e iba, pero todo esto, eran excusas para ir a recoger los trastos de vince. Pero desesperados viajes no eran siempre tan sencillos.
    Sonó mi reloj-despertador a las 7:00 en punto de la mañana, estaba cansado.tenia todo el cuerpo dolorido. Estire mis brazos y mis piernas en un profundo bostezo mientras abría levemente mis ojos, cuando de repente una extraña senación invadio mi cuerpo, esa no era mi habitación. Giré la cara inmediatamente hacia mi izquierda y lo que vi, me tiró de la cama de un salto.
    Estaba arrodillado frente a la cama, con los brazos apoyados en ella, intentando no devolver, ahí estaba, una chica joven, con el cuello degollado, atada de manos en la cabecera de la cama, desnuda, con incontables cortes por todo su cuerpo, amordazada, con los ojos bien abiertos, en una expresión en ellos, que dejaría blanco al más negro.
    Como pude, intente levantarme sin apartar la vista de su cuerpo, no tenía piel, era completamente carne, carne roja, es como si le hubieran quitado la piel a tiras, tenía las piernas abiertas, rajadas de arriba abajo, las sabanas estaban bañadas en sangre. Las uñas de los pies habían sido arrancadas, tenía los tobillos dislocados, al igual que las rodillas, el estómago vacío, sus intestinos puestos como si llevara un collar, intentando disimular el profundo corte que le seccionaba la traquea, mis intentos por no vomitar fueron inútiles, me gire hacia la izquierda con una arcada incontrolable, pero lo que se reflejó en mis ojos, hizo que mi corazón casi saliera también por el cuello.
    Ahí delante, sentado en una silla con el respaldo apoyado sobre la pared, y las dos patas delanteras de la silla levantadas sobre el suelo, estaba sentado vince, con los brazos cruzados y una de sus manos acariciando su barbilla, como aquel critico de arte que se posa delante de una obra artística y la examina, mientras su mano acaricia su barbilla, símbolo de interés, percepción, análisis y agrado, y una tenue sonrisa se perfilaba en sus labios.
    En sus ojos, se reflejaba el horrendo escenario, en su cuerpo, satisfacción por la obra que observaba, en el mío, como si 200.000 voltios recorrieran incesantemente mis entrañas.
    Vince, giró su cara y me miró.
    -Henry. Henry. Henry.
    -Diossssss. – dije con los ojos abiertos de par en par, con el corazón a doscientos por hora, sudado de arriba abajo, con las manos temblorosas, mientras veía ahora si mi habitación.
    -Henry. Henry por dios que te pasa? Estas bien? – dijo Susan mientras intentaba calmarme.
    -Si. – dije mirándola a ella, pero sin estar muy seguro de que estaba contestando. – he, creo, que, yo.
    -Si. Henry, ha sido una pesadilla, tranquilo ya pasó. Tenemos que ir al médico, desde que te estás tomando estas pastillas para la migraña, tienes pesadillas, esto no puede continuar así. – dijo mientras me miraba y me secaba con su mano el sudor de mi frente.
    Pero en mí cabeza no había hueco para aquellas palabras de aliento y consejo, había sido realmente una pesadilla? Hasta ahora nunca había mirado que había en los paquetes de vince, pero, y sí, dios, dios.
    Sin poder aguantar más esa sensación de angustia, salí de la habitación decidido a bajar al sótano y ver que había en esos paquetes.
    Baje las escaleras del segundo piso hasta llegar al salón, iba directo hacia el sótano cuando Susan, detrás mío.
    -Henry? Que haces? Donde vas?
    -¿eh? – dije mientras me giraba y me daba cuenta del tremendo error que estaba a punto de cometer.
    -Estás bien Henry? – dijo Susan alcanzándome y poniendo su mano derecha sobre mi hombro.
    -Si, sí, eh, sí, no te preocupes Susan, solo, solo quería que me diera un poco el aire, estoy bien no te preocupes. – dije mientras apagaba la luz del salón que ella acababa de encender –.
    -O, la luz, perdona. – dijo al recordar que la luz me incomodaba bastante por mi migraña.
    Como el que no quiere la cosa, fui hacia la puerta de la entrada en lugar de hacia el sótano, abrí la puerta y me quede sentado en el portal, con los codos apoyados sobre las rodillas y las manos sobre la cabeza. Dios mío, que me estaba pasando?
    Afortunadamente,Susan entendido que necesitaba estar solo unos momentos, pero lo que realmente necesitaba no era eso, sino entrar en el sótano de una vez, necesitaba ver que había en los paquetes, necesitaba comprobar que solo había sido una pesadilla, que solo eran imaginaciones mías, sí, además, seguramente solo son imaginaciones mías, o por lo menos, eso espero.
    Pasó media hora larga, seguía ahí sentado, mirando al suelo, con las manos haciendo círculos sobre mi cabeza, le había estado dando muchas vueltas, y al final, más tranquilo, me di cuenta que todo eso era una tontería, con una sonrisa en los labios por haber picado en algo tan infantil, me levante, y cerré la puerta. Camine hacia la escalera con el corazón ya en su sitio, pensando en que decirle a Susan para que no se preocupara más de la cuenta, pero cuando puse la mano en la barandilla para subir por la escalera, un escalofrío recorrio mi espalda, gire mi cabeza, y vi la puerta del sótano. No lo pude evitar, saque la llave de su escondite, un lugar en el que, aunque Susan la quisiera encontrar nunca la encontraria, mire escaleras hacia arriba por si Susan estuviera ahí, y al comprobar que no estaba, me dirigi hacia la puerta del sótano.
    El silencio era tan plausible que hasta la caída de un simple alfiler se hubiera oído en toda la manzana. Conecte el interruptor, que encendía la bombilla del sótano, deslice suavemente la llave en la cerradura, gire el pomo, y abrí la puerta suavemente.
    Baje uno a uno los peldaños, más o menos estables, de madera. Lentamente el miedo, cada vez más intenso, hacia que mis piernas empezaran a temblar ligeramente, y mis sentidos se agudizaran, esa sensación absurda que se tiene cuando estas haciendo algo que no está bien, y parece que alguien te está observando, era la culpable de que sintiera que no estaba solo ahí, de que, si no fuera porque estaba obligado a bajar, hubiera subido de nuevo las escaleras y cerrado la puerta con llave para siempre, pero, no pude evitarlo, me dirigi hacia el último paquete que había traído, y con sumo cuidado, empecé a quitar el plástico negro que cubria el paquete.
    Empezó a dejarse ver una gran caja de cartoon, sellada con cinta adhesiva. Era una antigua caja de nevera, aunque un poco más pequeña, me llegaba por debajo del pecho más o menos. Cojí un cutex que tenía en una de las estanterías, y deslicé la hoja sobre ella, abriendo así la caja con ambas manos. Cogí las tapas de la caja, y lentamente, las abrí, cuando. Jooder.
    Pero que imbécil que había sido, un suspiro que llenó todo el sótano, me devolvió de nuevo la serenidad. Como había podido ser tan paranoico? Madre mía, baje la cabeza mirando al suelo riéndome de mi mismo, deje el cutex de nuevo en la estantería, cogí cinta adhesiva y la superpuse de nuevo para sellar definitivamente mis angustias.
    Luego, olvi a recubrirla con los plásticos negros, más o menos como estaba antes, subí las escaleras, apagué la luz, y cerré la puerta con llave.
    Subí las escaleras, y me dirigi hacia mi habitación. Susan, se hacia la dormida, así que, inocentemente, hice que me lo creía y me acostaba también. Tranquilo, calmado, sosegado, inocente.
    Esa inocencia, la pagaría cara, muy cara. Una vez que dejas abierta la puerta de los recuerdos, sus consecuencias te perseguiran noche y día.

  4. #4
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    Sobreviviras? capitulo 3

    Capitulo 3. La llamada de vince, a mi móvil, cuando estaba en la oficina me dejó helado. Hacia ya mucho tiempo que habíamos acordado, cuando y cómo se tenía que poner en contacto conmigo para quedar el miércoles en cuestión. Normalmente me llamaba un lunes, siempre a la hora de comer, y el resto, como siempre, pero hoy no. Era viernes, apenas faltaban un par de minutos para las 12 y sonaba el móvil inmerso en ese barullo acústico típico de las aulas cuando el profesor se ausenta unos minutos.
    -Si? – contesté mientras cogía el móvil e iba hacia uno de los wc –.
    -Vas hacer algo a la hora de comer? – dijo muy serio –.
    -Comer.
    -Ven a la cafetería. Te estaré esperando. Tenemos que hablar –.
    No sé que es lo que pasaba, pero, si ya vince de por sí mismo es raro, esta llamada, y en este tono tan autoritario, me dejó desorientado.
    Espere pacientemente la hora de comer. Justamente los viernes no trabajábamos por la tarde, así que, solíamos ir a comer los de la oficina y quedarnos en el bar toda la tarde hablando de nuestras cosas, pocos eran los que se iban a comer a casa con su mujer, pero hoy, cambiaban los planes.
    Cojí el coche, y mientras me dirigia a la cafetería mows, pensaba en la última frase que me había dicho vince. te estaré esperando, tenemos que hablar. No me gustaba nada esa frase.
    Vince y yo, nos conocimos en esa cafetería. Fue pura hola.
    Un día en el que Susan y yo discutimos por temas sexuales, cogí el coche y empecé a dar vueltas sin sentido por la ciudad, hasta que cansado, pase por delante de esta cafetería, y leí sobre ella, cafetería mows. No sé qué tiene ese nombre, pero, me atrajo. Aparqué delante, y entré.
    Era la típica cafetería con asientos rojos acolchados con una mesa en medio en cada grupo de cuatro, justo en la misma fachada que daba a la calle, con unos cristales bien grandes, las típicas mesas de madera con base de metal, el típico salero, el típico posavasos, en definitiva, una cafetería de lo más normal, pero, aun así, el nombre me atrajo a ella. Bueno, seré sincero, la camarera que estaba detrás de la barra fue la que realmente me atrajo.
    Cuando me senté en la mesa, y esperaba a que viniera a preguntarme que quería tomar, dejé que mis ojos la recorrieran milimétricamente por todo su cuerpo. Alta, pelo ondulado, negro, ojos verdes, labios perfilados, con su típico vestido de camarera blanco, bolígrafo y bloc de notas incluidos, con una cinta blanca de pelo, que se lo recogia hacia atrás.
    Mi mente no prestaba atención a ninguna otra cosa que no fueran los movimientos de esa camarera, cuando.
    -Disculpe, le traigo una fregona?
    -Que? – dije mientras dejaba mi cara de embobado perfilada en el vacío y mi cara giraba para ver aquella otra.camarera. -.
    -Que si aparte de mirar va a tomar alguna cosa. – dijo la murcielaga baja, gorda y grasienta con cara de asco que me apuntaba con su lápiz amenazante.
    -Eh, sí, un, un, esto. – dije mientras intentaba encontrar la ausente carta sobre la mesa y en su defecto, algún menú al que pudiera agarrarme para salir de aquella presión agobiante.
    -Un especial de la casa? – dijo mientras mascaba su chicle de menta –.
    -Si, eso mismo, un especial de la casa, gracias. – conteste mientras veía cómo aquel tiranosaurus se alejaba de mi mientras cada uno de sus glúteos celuliticos rebotaban incesantemente en un fétido espectáculo, –.
    Entonces giré la cara de nuevo hacia la derecha en espera de encontrar de nuevo a mi camarera, pero mis ojos encontraron a un hombre alto, corpulento, con barba de 2 días, de mirada fija y penetrante.
    -El señor Maxwell? Henry Maxwell?
    -Eh, sí, yo mismo. – dije asombrado mientras lo miraba de arriba abajo –.
    -Vince, encantado – dijo mientras me ofrecía su mano para que la estrechara.
    Mientras intentaba recordar quien era aquel hombre y de que lo conocía,él se sentó delante mío, sin preguntar si podía sentarse. Su lenguaje corporal era claramente agresivo, seguro de si mismo, el típico personaje que no desearias encontrarte de noche en un callejón, aunque iba correctamente vestido, pero esa mirada, en esa mirada había algo que no tardaría mucho en descubrir.
    -Disculpe, pero, no, no recuerdo quien es. – dije aún atónito por la situación –.
    -Vince. – repitió –.
    -Sí, pero quiero decir, que no recuerdo, de que nos conocemos.
    -Hablamos por teléfono. Usted era el que me podía alquilar un trastero.
    -Sotano. – le corregí sin pensar -.
    -Sotano.
    -Ah, el señor vince, sí, ahora recuerdo. – dije con una falsa sonrisa.
    Para ser Franco, no recordaba haber hablado con nadie la posibilidad de alquilar mi sótano, y menos haber dado mi teléfono a alguien, pero, me tenía tan cogido por sorpresa que no era capaz de pensar y preguntar al mismo tiempo: que, como y cuando habíamos hablado, pero cómo era cierto que necesitaba alquilarlo, intente continuar la conversación a ver hacia donde nos llevaba, y de paso, el de que me conocía realmente.
    -Bien, esta es mi oferta y no es negociable – dijo mientras sacaba su billetero de uno de los bolsillos –.
    -Usted dirá. – dije mientras mis ojos se agrandaban al ver el fajo de billetes verdes que rebosaban en su billetera.
    -1000 dólares ahora, y 200 por cada paquete que me almacene en su sótano. Los 1000 dólares son para saciar la sana curiosidad que tendrá algún día de abrir alguno de los paquetes. Con esta cantidad, me aseguro que no abrirá ninguno. – dijo mientras dejaba mil dólares sobre la mesa como el que dejaba un clenex usado en una papelera –.
    -Eh, sí, bueno, eh.
    No era capaz de articular una frase ni que me hubieran puesto una magnum en la sien, tanto billete verde, afecto seriamente a mi nervioso. 1000 dólares por no abrir ninguno de sus paquetes? Para que quiero abrir yo alguno de sus paquetes? Es más, en el caso que los quisiera abrir tampoco se iba a enterar así que, eran 1000 preciosos, suculentos y atractivos dólares que necesitaba de forma urgente para poder adelantar los pagos de la hipoteca de casa. 1000 dólares así de fáciles y 200 por paquete, parecía un timo, algo raro tenía que haber, pero lo reconozco, no lo pensé, me deje llevar por la codicia.
    -No es negociable. – dijo al ver que no me decidía.
    -No sí, estoy de acuerdo, me parece bien – dije mientras una de mis manos se acercaba hacia el gran número de billetes verdes.
    -No tan rápido. – soltó cuando su mano atrapó a la mía sobre los billetes estrangulándola sobre la mesa. – el sistema de entrega de paquetes será siempre de noche. El mismo día. A la misma hora. Nada de preguntas. Coge el paquete, cobra, me deja en la dirección que yo le diga, y se va directamente a su casa.
    -Eh, sí, no le veo ningún inconveniente. – dije mientras ahora sí, recogia los billetes, como aquel que acaricia la piel de su primer amor suavemente –.
    -Pues eso es todo, aquí tiene un móvil. Le llamare a este número para ponerme en contacto con usted. Nadie más debe saber nada de este número, ni de esta conversa. – dijo mientras me entregaba un Nokia bien reluciente –.
    -De acuerdo. – dije mientras cogía el móvil sin apartar la vista del dinero –.
    -Perfecto. Herny, puedo llamarte Henry ¿verdad? – dijo mientras me ofrecía su mano y su gesto cambiaba completamente a uno mucho más cordial, afectivo, amable y cercano.
    -Si claro, llámame Henry. – dije mientras estrechaba su mano – una pregunta más, que hay en los paquetes? Que tamaño tendrán? Lo digo porque mi coche no es un coche de grandes dimensiones – dije en tono bromeante.
    -Esos 1000 dólares son para no satisfacer esa curiosidad. Estaremos en contacto,herny. – dijo de nuevo en su tono habitual mientras abría la puerta de la cafetería y desaparecía al fondo de la calle.
    Ahora, me encontraba de nuevo sentado en la misma mesa donde tiempo atrás conocí a vince. No frecuentaba mucho esta cafetería, más que nada porque Susan era muy reticente a ir a desesperados. antros como ella los llamaba. Afortunadamente en este antro, esta mi camarera preferida, aunque también esta aquel fétido rinoceronte con bigote mal depilado en la cara que me quita las ganas de seguir viniendo aquí, pero hoy era mi día de suerte. Ella, y digo ella no, esa, se acerco como un ser angelical iluminado por la gracia divina, con su sonrisa perfecta y su mirada inocente y a mí, leves porciones de mi saliva se deslizaban por el borde de mis labios con el peligro adherido de derramarse por mi barbilla mientras ella se acercaba.
    -Hola, buenas tardes, que desea tomar – dijo con una voz muy dulce-.
    -Un Ángel con patatas fritas. – dije mientras tragaba todo el excedente de saliva que tenía en mí boca.
    -Perdone, como ha dicho? – dijo con una sonrisa de incredulidad de oreja a oreja?
    -Perdón perdón. Quería decir un filete con patatas fritas, en que estaría yo pensando.
    -Quizá en su mujer. – deslizó sutilmente estas palabras mientras su bolígrafo señalaba el anillo de casado que llevaba en el dedo corazón de mi mano derecha, y su rostro reflejaba la cara de una niñaadquiriendok sabe que ha pillado algo fuera de lugar y se regocija de ello.
    -Eh.si, es que se llama ángela, Ángel-angela, ángela-Ángel. – dije con cara de espabilados mientras ella se iba hacia la barra para encargar mi pedido y con mis dedos de la mano izquierda hacia rodar hacia un lado y hacia otro el anillo de modo nervioso, patético y compulsivo.
    En ese momento apareció vince por la puerta, llevaba una cazadora marrón, y unas gafas de sol, y una cara, extremadamente seria. Abrió la puerta con fuerza, entró decidido, y se acercó hasta dónde estaba sentado yo.
    Sin decir nada, se sentó delante mío, mientras se sacaba las gafas y las ponía sobre la mesa, clavando su mirada en la mía, haciéndome cada vez más pequeño, ulnerable, como si con su mirada pudiera aplastarme con tan solo pestañear y yo no pudiera escapar de ninguna de las maneras.
    Intente mantenerle la mirada, pero no pude, me sentía tan inferior, que al final tuve que desviarla hacia algo que en ese momento, acepto que agradecí.
    -Aquí tiene su filete angelical con patatas – dijo la leona de mar bigotuda mientras dejaba el plato delante mío y hacia caso omiso de la presencia de vince.
    -Gracias. – dije mientras mis ojos volvían hacia el centro de la tensión, –.
    -Tengo un problema Henry. – me dijo mientras hacia resonar las patillas de las gafas sobre la mesa de una manera incesante.
    -Que pasa? – dije asustado –.
    -Entiendes de equipos de hi-fi? – dijo soltando por fin las gafas –.
    -¿eh? – respondí sin saber a que venia eso.
    -Equipos de música, entiendes?
    -Bueno, algo, porque? – contesté sin saber por dónde iban los tiros-.
    -Hoy me he comprado uno nuevo, me he gastado una pasta, pero, al llegar a casa, me he dado cuenta que el anterior que tenía, era estéticamente mucho mejor que el que tengo ahora. Era de madera de roble, barnizado, estéticamente perfecto.
    -Pero no era un technics plateado? – dije dándome cuenta de lo que acababa de soltar por mi boca, quedándome absolutamente pálido.
    -Efectivamente Henry, era un maravilloso y estupendo equipo technics plateado con unas cajas acústicas, impresionantes, que calidad, que placer, que gozo, sentir a Sinatra en ese equipo.
    Vince seguía elocuando las cualidades de su antiguo equipo sin decirme nada más que tonterías, me había cazado, sabía que había mirado el último paquete, pero no me lo había dicho directamente, podía haberme dicho Henry. Miraste el paquete. Pero no, ese no era su estilo, el era más sutil, prefería hacerme sentir culpable sin mencionar el acto en sí, pero sabiendo que sabia de que hablaba. A cada detalle añadido de su antiguo equipo más imágenes me venían a mi de mis manos cortando la cinta adhesiva de la caja, y observando aquel equipo, colocados los altavoces en pila sobre él, y como mi cara cambiaba cada vez más a un color más blanquecino, pálido mensaje mortem.
    En esos momentos no era capaz de pensar con claridad, de hecho, no era capaz ni de pestañear, no sabía cómo se había enterado de eso, pero, el murmullo de la cafetería era nulo, no oía ni la máquina del café, ni el ruido de la freidora, ni olía el humo que bailaba en extrañas coreografías sobre nuestras cabezas, mis oídos solo percibian sus palabras, lejanas, cargadas de ironía, ¿cómo se enzarzaban en un duelo en mis entrañas, penetrándome sigilosamente, explotando en mí interior, destrozándome por dentro, a cada golpe de puño sobre la mesa para enfatizar su descripcion.
    Finalmente, muriendo en una agonía delirante, pude pronunciar.
    -Si, tenía que sonar muy bien.
    Sin saber que consecuencias, podría tener esta frase inerte, representada en un contexto, sin mensaje, sin fundamento, sin idea, sin vida, sin lo que iba a suceder a continuación.
    -Vaya, pero, no lo provaste? – dijo sorprendido.
    -No, solo observé. – dije a modo inútil de excusa –.
    -Es una lástima, te hubiera sorprendido, no por su calidad, sino porque dentro del equipo no había lo que en principio, y por lógica, debería haber. – dijo sin apartar su mirada de mis ojos –.
    -A qué te refieres. – dije bastante asustado.
    -Vale más que no lo sepas, tu vida no vale lo suficiente como para silenciar lo que hay dentro.
    -Entiendo. – conteste mientras mis testículos experimentaban una extraña succion hacia la garganta. -.
    Entendí claramente su amenaza, no sé cómo había conseguido enterarse, pero su advertencia, era más que clara, quizá era momento de acabar nuestra línea de negocios aquí, olvidar lo que había pasado, que recogiera sus paquetes y hacer como que nada había pasado, pero el tenía otros planes, y como no, la sutileza entró en juego de nuevo.
    -Tengo algo para ti Henry. –dijo metiéndose la mano en uno de sus bolsillos.
    Cerre los ojos apenas un segundo y mil imágenes se pasaron por mi mente, una magnum del 45 apuntándome entre ceja y ceja, una bala rodando a toda velocidad hasta ella y mi cerebro expandido a modo de col·lage por toda la cafetería, pero no fue eso, fue todavía peor, al abrir los ojos.
    Sacó de su bolsillo una especie de colgante en forma de m. Era un simple colgante, dorado, con una cadena plateada muy fina, que se balanceaba levemente hacia izquierda y derecha mientras lo sostenia entre sus dedos, para dejarlo muy suavemente sobre el centro de la mesa, al lado de mi ya enfriada comida.
    -Que es esto vince? – dije atónito, asustado, confuso, esperando el golpe de gracia de un momento a otro.
    -Es mi poliza de seguros Henry. – dijo sin apartar la mirada de mis ojos, e inclinándose lentamente hacia adelante.
    -Tu poliza de seguros? – repeti como un autómata a punto de ser desconectado.
    -Si Henry, una poliza de 1000 dólares con muchos intereses, una poliza que me garantiza muchas cosas, que no te preocupes por no saber, las iras descubriendo poco a poco, pero te aseguro, que será el seguro más caro que hayas pagado,Henry. – acabó sentenciando mientras con su mano, deslizaba el colgante lentamente aún más cerca de mí.
    Mi mano derecha, se alzó temblorosa en busca de ese colgante, mientras vince se levantaba, cogía sus gafas, se las colocaba de forma arrogante y salía del mismo modo que había entrado en la cafetería.
    Cojí el colgante, y lo examiné durante unos segundos, atrapándolo con fuerza dentro de mi mano, mientras mis ojos caían en un profundo parpadeo profundo, terrorífico y claustrofóbico, mal estar, mientras los ruidos habituales de la cafetería volvían lentamente a mis oídos, el tumulto de la gente, el humo disasociado del aire, como si alguien hubiera pulsado anteriormente el pause de un video y ahora, le dieran al play de nuevo, aunque mis pensamientos eran un rew / forw continuos en una marea negra de sensaciones, demasiado desagradables para lo que el destino me tenía preparado.
    Lo peor de todo, es que ese destino, tenía nombre propio. Vince.

  5. #5
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    Unhappy Sobreviviras? capitulo 4

    Salí de la cafetería sin apenas haber probado bocado. Subí al coche, y deje el colgante en el salpicadero. Mientras más lo observaba, más miedo me entraba en el cuerpo, necesitaba evadirme de todo eso, necesitaba desconectar, así que, arranque el coche y empecé a conducir sin ningún rumbo lógico.
    Estuve a punto de parar en un local de streptease, pero, justo cuando lo iba hacer, me sentí mal. No era justo que disfrutara con otras mujeres lo que no podía hacer con Susan. Bueno, no es que no lo pudiera hacer, pero, por una cosa o por otra, no hacíamos el amor desde el día en que quedó embarazada, y de eso, hacia ya 7 meses.
    No sé que me pasa con ella, pero, no me excita, en cambio, cualquier mujer que veo por la calle, bueno, tampoco exagerare, cualquiera no, ya que, cada vez que me da por generalizar me viene a la mente la murciélago de la cafetería, pero, no sé, he perdido por completo el apetito sexual con Susan.
    Al final, decidí ir a casa, aunque me apetecía estar solo y en casa estaba ella, pero la verdad es que quería hacer tantas cosas e iba hacer tan pocas, que lo mismo daba.
    Deje el coche en el parking, y entre en casa. Estaba vacía, pero desordenada. No soporto el desorden, me saca de mis casillas. En mi salón todo tiene que estar en su sitio, de hecho, tengo un sitio para cada cosa.
    La estantería que esta sobre la chimenea es exclusiva para mis libros, ordenados por colores de las tapas, de más frío a más caliente y por orden alfabético. Los más gruesos primero, los más pequeños al final, todo está en una harmonica sincronización.
    A la derecha, la estantería vertical de los cds, ordenados por fecha de salida al mercado. De mitad hacia abajo, nacionales, de mitad hacia arriba, extranjeros, y así, todos y cada uno de los detalles que deben estar perfectamente catalogados, ordenados y exentos de polvo, por supuesto.
    Pero hoy el salón estaba hecho completamente una, había un libro que no estaba en la estantería. Estaba en el suelo, tirado, y un CD sonando en la minicadena, con la cubierta del CD sobre la chimenea. Susan había salido de casa y se le había olvidado dejarlo tal y como debía estar. Estas eran las típicas cosas de Susan que me sacaban de mis casillas. Cojí el libro, le pase por encima un clenex, para limpiarlo y lo coloco debidamente en su posición original en la estantería, donde debía estar.
    Luego, pulse el stop de la minicadena, extraje el CD y cogí otro clenex para limpiarlo. Lo cerré delicadamente en su tapa correspondiente, y lo guardé en exactamente donde debía ir. Recogí los clenex, y los tire a la papelera.
    Ahora ya podía ir a ducharme tranquilo. Subí las escaleras hacia el segundo piso, y me quite la ropa en mí habitación, dejándola debidamente doblada sobre la cama, para poder ducharme por fin y evadirme de todo lo que había ocurrido esta tarde.
    El agua caliente recorría mi cuerpo cansado, estresado. Los vapores ayudaban a que mis ojos pudieran cerrarse en una extraña concentración mientras notaba el calor sobre mi piel, esa tenue, pero continua relajación en la que uno parece que vaya a levitar y todos sus problemas asciendan como los vapores hasta desaparecer en lo alto de lo infinito.
    Cuando salí de la ducha, me puse ropa cómoda y bajé al salón, pero, en una de las esquinas estaba Susan agazapada, cubriéndose la cara con las manos, llorando histeria, con las rodillas dobladas, completamente despeinada y temblando de los nervios. Que le había pasado?
    Baje corriendo las escaleras gritando su nombre Susan. Susan, pero ella no levantaba la cabeza, se la cubria más con las manos y intentaba adentrarse más en la esquina de la pared, como si el contacto con ambas paredes pudiera protejerla contra aquella amenaza.
    -Susan. Susan. Por dios, que te ha pasado? – dije mientras corría hacia a ella y me arrodillaba a su lado.
    -No, no. No. – articulaba llorando.
    -Susan. Susan, mirarme, quien te ha hecho esto? Quien ha sido? Que ha pasado. – le seguí preguntando mientras la cogía por sus manos he intentaba que se tranquilizara.
    -No, no, basta, basta, no, – decía quitándome sus manos de las mías y cubriéndose la cabeza de nuevo con ellas.
    -Susan por dios. Quien ha sido? – chille histérico ya –.
    Pero Susan no me contesto. Metio una de sus manos dentro de uno de los lados de su maltrecha camisa, y sacó algo agarrado por su mano, tendiendomela hacia a mi temblorosa y llorando aun.
    Cai de culo hacía atrás, y aún tire dos pasos más hacia atrás en el suelo a ver lo que tenía Susan en la mano. Lo sostenia en su puño ensangrentado, temblando, mientras con su otro brazo intentaba cubrirse como podía su cabeza.
    Me levante sin dejar de mirarla, y corri escaleras hacia arriba. Abrí de un golpe la puerta de la habitación y empecé a rebuscar en mis bolsillos. Ahí estaba.
    Baje de nuevo corriendo los escalones de 2 en 2 hacia Susan, y me arrodille a su lado otra vez. No me lo podía creer.
    A duras penas conseguí abrirle el puño para sacarle el colgante que estaba clavando contra su piel. Tenía en mí mano izquierda ese colgante y en la derecha, el que me había dado vince. Acerque ambas manos lentamente hasta hacer coincidir las dos m que encajaron a la perfección formando un 8 dorado. Vince. Vince. Dios. Vince.
    -Susan, levántate vamos, voy a llevarte al hospital. – dije mientras intentaba levantarla –.
    -No, no por favor no, no por favor noooo. – chillaba histerica-.
    -Susan vamos.
    Pero era inútil, seguía cubriéndose la cabeza con las manos e intentaba patalearme si me acercaba. No sabía que hacer. Entonces, los ojos se me habrieron como platos.
    -Dios Susan. La niña, la niña. – dije mirando la tripa. -.
    Susan reaccióno, bajo lentamente sus manos hacia su tripa y me miro con ojos llorosos, mientras intentaba levantarse como podía con la espalda completamente enganchada a la esquina. Estaba completamente ensangrentada. La rodee con un brazo por la cintura y el otro por el hombro y la lleve hacia el coche, aunque prácticamente la llevaba a rastras porque no levantaba los pies del suelo.
    Una vez en el coche, arranque ha toda leche, en dirección hacia el hospital, pero nada más salir del parking frene en seco. Me había dejado los dos colgantes en el salón. Sin pensármelo dos veces salí disparado del coche en busca de ellos mientras Susan quedaba desmayada en el asiento del copiloto con la cabeza apoyada en el cristal, los brazos completamente inertes sobre su cuerpo y la ropa totalmente ensangrentada.
    Una vez cogidos los colgantes, subí de nuevo en el coche y nos dirigimos a toda prisa hacia el hospital. Susan corría peligro, o quizá solo eran heridas superficiales, pero Sally. (ese era el nombre que habíamos pensado para nuestra hija) podía debatirse entre la vida y la muerte.
    Llegué a urgencias con Susan, y los enfermeros se hicieron cargo de ella, no me dejaron acompañarla, tuve que ir a una especie de secretaria donde tenía que rellenar los típicos papeles de entrada, pero estaba tan nervioso que apenas yo mismo entendía mi propia letra.
    Una vez cumplimentados, me dirigí hacia la sala de espera, donde me dijeron que me informarían cuando supieran cuál era su estado.
    Una sala grande, vacía a excepción de las sillas que recorrian sus paredes. Murmullos por aquí, silencios por ahí, caras de desesperación, de miedo, de llevar muchas horas sin ninguna información, mi cara solo era una más. Aquel olor a hospital se inpregno en mi, no dejaba de mirar a la cara de aquellas personas, unos mirando al suelo, otros cubriéndose con sus manos sus preocupadas caras, otros con miradas perdidas, difusas, vagas, pero todo cambiaba cuando un doctor entraba en la sala, todas las caras subían y giraban en busca del doctor. Unos se ponían de pie, otros se le acercaban rápidamente, pero al oír el nombre de otra persona, tornavan a ese aspecto flácido, decaido, como esta una planta sin sol, rostros marchitos, sin vida, el rostro que reflejaba la posibilidad que la muerte, visitara su casa esa noche.
    Poco a poco iba vaciándose la sala. Unos llorando, otros más tranquilos subían a las habitaciones donde estaban ahora ubicados sus familiares o amigos, hasta que me quede completamente solo en ella, y mi cabeza descendio hasta encontrar el suelo, para acabar cerrando los ojos esperando lo peor.
    Pasaron varias horas hasta que al final, un medico se acerco a la sala y pronuncio lo siguiente.
    -El familiar de Susan Maxwell? – dijo el doctor mientras leía el nombre en su carpeta –.
    -Si. – dije mientras me levantaba y me acercaba a el.
    -Su mujer está fuera de peligro, le hemos hecho varias pruebas y ya está estabilizada.
    -Y mi hija? – dije precocupado –.
    -Le hemos hecho una ecografía y afortunadamente ha salido todo bien, por fortuna o desgracia la mayoría de las contusiones y cortes los tenía en cara, cuello, cabeza y extremidades.
    -Dios.
    -Me, resulta un tanto violento decile esto señor Maxwell, pero. – dijo sin estar muy seguro de decir lo que iba a decir.
    -Que sucede? – pregunte preocupado –.
    -Han tenido algún tipo de, discusióno. – dijo muy suavemente y con cautela.
    -No. Por dios no. Como? Como? Dios. Como puede pensar eso?
    -Vera.
    -No, yo he llegado a casa y no estaba, me estaba duchando y luego al bajar me la he encontrado en una esquina así.- Dije mientras escenificaba como estaba Susan contra la esquina de la pared - Ha sido en la calle, como, como puede pensar eso?
    -No, tranquilicese, por favor.
    -No me diga que me tranquilice.
    -Será mejor que se vaya a casa señor Maxwell. – dijo apretando sus dedos contra la carpeta viendo que me estaba poniendo nervioso.
    -Pero que dice? Como voy a irme a casa? Que esta insinuando? – dije aumentando mi tono de voz, reberverando en toda la sala –.
    -No estoy insinuando nada señor Maxwell, pero, su mujer aún estando estavilizada tiene que estar en la uvi.
    -Pero no ha dicho que estaba bien? Que me está escondiendo? Porque no puedo ver a mi mujer? – pregunte demasiado exaltado –.
    -Le hemos administrado un sedante y ha repuesto bien a las pruebas, aun así, tenemos que hacerle otro tipo de pruebas, y esto hoy no lo podremos hacer. Sera mejor que vaya a casa, se cambie de ropa, descanse un poco y vuelva mañana. Su mujer está bien, no se preocupe, pero ahora necesita descansar. – dijo en tono diplomático y poniéndome una mano sobre mi hombro derecho.
    -Esta bien. – dije en vista de que no podía hacer nada más.
    -Se lo agradezco señor Maxwell. Mañana cuando vuelva pregunte por el doctor smerson.
    -Es usted? – pregunte mirando a los ojos.
    -No, yo solo soy un simple enfermero. – dijo mientras retiraba su mano de mi hombro – no se preocupe, haya a casa y descanse.
    El supuesto enfermero, salió de la sala dejándome solo. Cabizbajo, salí en busca de mi coche, pero mientras llegaba, cogí el móvil para llamar a vince. Ya sé que no debía llamarle, pero, esto no podía quedar así.
    Marque su número, una y otra vez, pero no había manera, estaba desconectado. Subí al coche y lo intente otra vez antes de arrancar, pero, nada, fuera de cobertura o apagado.
    Tire el móvil contra el salpicadero y arranque el coche. Tenía ganas de llegar a casa tumbarme en la cama y no abrir más los ojos, pero, debía abrirlos más de lo que me pensaba para arreglar esta maldita situación.

  6. #6
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    Wink Sobreviviras? capitulo 5

    Que opinas?
    -Creo que está claro.
    -Habría que avisar tanto a psico como al fiscal para que tomen cartas en el asunto.
    -Si, seria lo más adecuando.
    -Esta bien, quédate con ella hasta que lleguen los de psico.
    Estas fueron las últimas palabras de los doctores que examinaron a Susan. Una vez consciente, le preguntaron incansablemente lo sucedido, obteniendo de ella nada más que negativas. Estaba claro que necesitaba apoyo psicologico, y que el fiscal debería tomar cartas en el asunto. En esos momentos, llamaron a la puerta de la habitación donde Susan y el doctor smerson se hallaban.
    -Toc toc.
    -Adelante – dijo el doctor smerson –.
    -Hola, soy Carter, de psico – dijo mientras entraba a la habitación y saludaba a las dos personas que la ocupaban –.
    -Susan, el doctor Carter se quedará ahora con usted y le ayudará a pasar este mal trago – dijo mientras se levantaba de la silla de al lado de la cama de Susan –.
    -No necesito ayuda psicológica – dijo Susan mirando a Carter a la cara –.
    -Yo no he dicho que la necesite usted, señora Maxwell – dijo Carter –.
    -Bien, yo les dejo. Señora Maxwell, doctor Carter. – dijo smerson mientras dejaba una carpeta colgada del extremo de la cama y abandonaba la habitación –.
    -Entonces para que esta usted aquí – dijo Susan mientras Carter ocupaba la silla al lado de la cama –.
    -Estoy aquí porque necesito su ayuda.
    -Mi ayuda?
    -Si, su ayuda.
    Susan se quedó perpleja, pero escucho todas y cada una de las argumentaciones que el doctor Carter le estaba proporcionando.
    Finalmente, cuando el doctor acabo su exposición,Susan se puso a la defensiva.
    -Y usted como ha deducido todo esto, si no nos conoce de nada ni a mi ni a mi marido.
    -A lo largo de mi Carrera he tenido varios casos similares, y por lo que he leído tanto en el informe médico, como lo que me han contado que les explico a los doctores una vez consciente, es un claro caso de.
    -No, no ha sido así. Yo conozco a mi marido, todos ustedes se equivocan, el nunca haría algo así. Seria incapaz, completamente incapaz.
    -Susan, a quien quieres engañar?
    -Que?
    -Que nos dejemos de tonterías Susan, se perfectamente lo que pasó y porque paso.
    Pero no era verdad. El doctor Carter solo quería confundirla para que contara realmente lo que había sucedido. Susan estaba utilizando su coraza para no explicar en realidad lo que ocurrió, pero el doctor se estaba encargando de tirarlo todo por los suelos.
    -Usted no sabe nada. – dijo Susan enfadada –.
    -Estas segura?
    -Completamente.
    -Tiene su marido algún problema medico?
    -Bueno, migraña y, que no consigue dormir por las noches muy bien.
    -Tiene algún tipo de amnesia?
    -Amnesia?
    -Si, que no recuerde cosas. Que este en algún sitio y de repente no recuerde cómo ha llegado hasta ahí.
    -Mi marido no tiene alzheimer, si es eso lo que está insinuando.
    -No estoy insinuando nada, estoy preguntando.
    -No esta preguntando, lo esta insinuando – contesto molesta Susan -.
    -Que tal es su relación con su marido? – siguió hurgando Carter –.
    -Normal.
    -Con que frecuencia practican el acto sexual?
    -Perdón? A usted que le importa eso? – contesto indignada –.
    -Con que frecuencia hacen el amor,Susan?
    -Todos los días, pero no entiendo a que viene esa pregunta – dijo esquivando su mirada –.
    -Es posesivo? Celoso? Agresivo?
    -No, bueno, sí, pero no, o sea no.
    -Si? ¿no? A veces?
    -Cuando hacemos el amor solo.
    -Le pega?
    -Dios, nono, no, no trasgiverse lo que yo digo.
    -Quiere decir que, si practican el sado masoquismo?
    -Bueno, en cierto modo, si.
    -Solo en el ámbito sexual?
    -Si.
    -Le ha puesto los cuernos a su marido alguna vez? O el a usted?
    -Se acabó. No voy a contestarle más preguntas. Pero que se ha creído que soy? A que viene todo esto? No sé porque tantas preguntas, tropecé y ya está. Caí por las escaleras y me hice esto. No hay que darle tantas vueltas. – replico exaltadisima Susan –.
    -No había sido una agresión en la calle? – pregunto Carter mientras leía el informe medico –.
    Hubo un silencio. Carter no la miraba. Sostenia en una de sus manos la carpeta que contenía el informe medico y anotaba pequeños comentarios en él, con una pluma de color negro con bordes dorados.
    -Me atacaron cuando iba abrir la puerta de casa. Me empujaron hacia dentro y ahí. – dijo mientras cerraba los ojos y giraba la cara recordando el dolor –.
    -Está bien Susan, esta bien. Tiene alguna mania?
    -Yo?
    -No, su marido.
    -Vaya, le gusta el orden.
    -A nivel excesivo?
    -No sé, normal.
    -Toma algún tipo de drogas?
    -Yo?
    -Porque cada vez que le pregunto me contesta que si usted? Estamos hablando de su marido,Susan.
    -Cuando voy a ver a Henry?
    -Pronto.
    -Hasta que no esté a mi lado no pienso contestar nada más. Esto parece un interrogatorio y esto es un hospital, no una comisaria.
    -No se lo tome así Susan, solo pretendo ayudarla.
    -Váyase a algún local gay nocturno a ver si le ayudan a usted y a mi déjeme tranquila de una vez. Fuera de esta habitación.
    -Susan tranquila.
    -Fuera. Que se largue fuera.fuera.
    Mientras Carter renunciaba a seguir y abandonaba la caldeada habitación,Susan recordo las últimas palabras de vince: da, aunque solo sea un detalle de mi, y lo pagara toda tu familia.
    Sono el despertador de mi reloj. Eran las ocho. Estaba tumbado de mala manera en el sofá, al final no había llegado ni a la cama. Entre los nervios, el cansancio,vince, los paquetes, el trabajo, había acabado tan extresado que el sofá fue quien se ocupó de acogerme entre sus cojines para conducirme a un largo descanso.
    Apague el despertador con mi mano izquierda y mire de modo absurdo la hora. Lunes? Como que lunes? Hoy era sábado, no lunes. Este reloj empieza a fallarme. En ese momento, recivi una llamada al móvil.
    -Si? – dije al descolgar –.
    -Llama al trabajo y di que no vas a ir. Vamos a quedar dentro de una hora.
    -Donde te habías metido?
    -Llama al trabajo y di que no vas a ir. Vamos a quedar dentro de una hora.
    -Pero que estas diciendo? Hoy es sábado, no voy a ir a trabajar. Y claro que vamos a quedar tu y yo tenemos que hablar muchas cosas.
    -Llama al trabajo y di que no vas a ir. Vamos a quedar dentro de una hora.
    -Joder. No sabes decir otra cosa? – conteste enfadado –.
    -Henry. Es lunes. Quedamos en la esquina newline con arlintong. Tienes una hora.
    Mientras vince decía esa frase, conecte la televisión con el mando a distancia, estaban dando las noticias, fastidiar, era lunes. Como había podido estar 2 días enteros dormido? Y Susan? Mierda. No había llamado al hospital ni había ido ni nada.
    Apagué el móvil y la televisión. Almorze lo primero que encontré llame al trabajo diciendo que mi mujer había tenido un accidente, que tenía que ir al hospital y salí disparado hacia el coche.
    Antes de arrancar, abrí la guantera y deje ahí un cuchillo de grandes dimensiones que había cogido al pasar por la cocina. Vince iba a pagar muy caro lo que le había hecho a Susan.
    Era plena hora punta, las calles estaban llenas de trafico. No iba a llegar a las nueve a la cita con vince. Lo tenía todo pensado, me daba igual que fuera a plena luz del día. Iba a bajar del coche, caminaria hacia el, me sacaría el cuchillo de la manga y se lo clavaria hasta el fondo del estómago.
    Mientras adelantaba lentamente en uno de los numerosos atascos, esa imagen se repetía una y otra vez en mí mente, sacar cuchillo, asestarle golpe en el estómago para claverselo hasta el fondo.
    Entonces, cuando estaba aún a dos cruces del sitio acordado, y seguía parado en un tremendo atasco, alguien abrió la puerta derecha trasera de mi coche y subió en él, cerrando con un fuerte portazo. Me gire rápidamente y.
    -Sabía que no ibas a llegar Henry, he venido yo a bucarte.
    -Maldito hijo de puta. Te voy a. – dije mientras acercaba mi mano derecha hacia la guantera para sacar el cuchillo –.
    Pero vince fue más rápido que yo. Saco un pequeño puñal afilado y lo coloco entre la aorta y mi traquea. Podía notar el frío del acero que sigilosamente acariciaba mi piel. Cómo el más leve movimiento iba a sesgarme el cuello de la manera más rápida y limpia posible.
    -No tan rápido Henry. – dijo mientras acercaba su cara a mi oreja –.
    -Vale vale, tranquilo vince, tranquilo. – dije mientras retiraba mi mano de la guantera –.
    -Traicionaste nuestro pacto y ahora, que querías hacer? Vengarte? Eso es lo que tendría que hacer yo Henry, vengarme de tu traición.
    -A caso no lo has hecho suficiente con lo que le has hecho a Susan? – dije mientras notaba como el filo del acero bailaba lentamente por todo el contorno de mi cuello –.
    -Tengo una sorpresa para ti Henry – dijo sonriente –.
    -Qué tipo de sorpresa? – conteste dirigiendo mis ojos hacia el retrovisor para poder ver su cara –.
    -Eso, ya me lo dirás tu, gira a la derecha al próximo cruce. Nos vamos de excursión. Te gustara Henry, te gustara.
    Vince dejó libre mi cuello, pero puso la punta del afilado acero debajo de mis costillas, en el costado derecho, para que pudiera conducir.
    Cuando por fín pude girar a la derecha,vince me fue guiando calle a calle, no tenía ni idea de a donde íbamos, ni que íbamos a hacer, pero, lo que si que tenía claro es que, a la mínima oportunidad que me diera, iba a acabar con él.
    -Henry. Henry, en que estas pensando henryy? A caso te has dormido Henry? Te vas a perder la función?
    Levante la cara de nuevo. Seguia en aquel oscuro agujero encadenado a la pare, d. Había estado recordando todo aquello y ahora volvía a tener a vince delante mío, los grilletes cojiéndome por detrás, el miedo a mi lado, el silencio a mi alrededor.
    -Vince, hijo de puta.
    -Vaya, ya recuerdas quien soy, algo es algo henr, y. – dijo en tono irónico –.
    -Esta es la excursión maldito psicópata de? – chille retumbando las ondas sonoras en cada uno de los centímetros opreguntaque me separaban del –.
    -Excursión? De que me estas hablando Henry? Aún no sabes que hacemos aquí?
    -Mierda, estoy harto. Donde estamos? Que hacemos aquí. Vaya te voy a matar vince te voy a matar.
    -Bueno, por lo menos ahora tienes claro que, si no me matas tu te matare yo – dijo vince en su clásico tono característico –.
    -Mierda. – blasfemiaba mientras mis brazos intentaban librarse de la opresión a la que estaban sometidas mis muñecas –.
    -Creo que tienes que recordar más Henry, aún no recuerdas todo lo que pasó, para variar. Eres un mediocre, un mediocre con una vida mediocre. Pero tranquilo, yo te solucionare la vida Henry y de paso, la mía.
    -Estas como una historia cabra vince. Estas como una historia cabra.
    Pero desgraciadamente vince tenía razón, tenia que recordar más cosas para saber cómo había llegado hasta ahí. Lo que sí tenía claro ahora, es que el no iba a salir vivo de aquí, pasara lo que pasara.
    -Eso no lo dudes Henry, estoy como una historia cabra, no lo dudes. – acabó en voz baja vince -.

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    Sobreviviras? capitulo 6

    Por fin llegamos a nuestro destino. Vince me ordenó bajar del coche. Estábamos frente a la entrada trasera de un club de dudosa moralidad, con un gorila apostado en la puerta.
    Vince había guardado su puñal antes de salir del coche, mientras dejaba entrever la beretta que llevaba por dentro del pantalon. No hacía falta que dijera nada, sabía que había querido decir con ese g esto.
    Caminamos hasta el gorila, mientras ese cuerpo monstruoso se ponía el dedo índice en la oreja y bajaba el mentón diciendo algo por la solapa mientras nos miraba de reojo.
    -Buenos días señor. Hay algún problema? – dijo el gorila mirando a vince –.
    -No. Todo esta ok. – contesto vince -.
    -Bien señor. Está todo preparado para esta noche.
    -Perfecto. Voy a entrar. No quiero que me molesten hasta que llegue la hora.
    -No se preocupe señor. Está todo controlado – dijo mientras abría la puerta blindada y nos dejaba pasar –.
    -Vamos. – dijo vince mirándome para que le siguiera –.
    Nada más cruzar la puerta subimos unas escaleras, un par de pisos que aún estando a plena luz de día, se hacia difícil distinguir un escalón del siguiente. Era una escalera interior sin ventanas, sin luces. Vince conocía perfectamente ese sitio, subía peldaño a peldaño firmemente como si llevara años ahí, de hecho, creo que es el que manejaba todo eso. Yo en cambio, tenia la mano izquierda adosada a la pared, como punto de apoyo y subía lentamente los escalones con miedo a tropezar. Era como subirlos con los ojos cerrados.
    Por fin llegamos a otra puerta donde dos gorilas más la custiodiaban. Vince ni siquiera saludó. Abrieron la puerta directamente mientras me miraban sorprendidos. No les mire, seguí a vince.
    Entramos en una grandioso salón. No habían ni paredes ni columnas, como si las hubieran quitado expresamente para conseguir esa espaciosidad, la luz entraba por todas y cada una de las grandes ventanas que había.
    Era un salón de exquisito gusto. Muebles de madera de roble perfectamente barnizados. Cuadros de pintores conocidos. Una extensa biblioteca con innumerables obras completas. Una inmensa alfombra persa en el suelo, acomodaba nuestros pasos hasta el centro del salón.
    -Donde estamos? – pregunte sin dejar de observar todo aquello –.
    -Ya se te ha quitado de la cabeza la idea de matarme? – contestó arrogante de espaldas a mi mientras sostenia un vaso de wisky –.
    -No.
    -Bien – dijo mientras bebió un trago del vaso. – esta es mi humilde morada, Henry.
    -El local de abajo es tuyo?
    -Si, pero no lo uso para lo que piensas que lo utilizo. Tan solo es una tapadera.
    -Una tapadera? De que? Para que? – pregunte mientras el seguía dándome la espalda –.
    -Todo a su tiempo Henry, todo a su tiempo – dijo mientras se volvía hacia mí, mirándome fijamente –.
    -Me vas a explicar de una vez que. Hago aquí? - Chille exaltado –.
    -Sientate Henry – dijo tranquilamente mientras señalaba con su mano abierta una silla del siglo xv para que me sentara.
    Mientras tomaba asiento,vince empezó a taterear un waltz de dimitri shostakevich. Sus pies se deslizaban bailando el waltz, con el wisky como un extraño acompañante siguiendo los pasos lentos, pero ritmicos del waltz.
    Giraba sobre si mismo con la mano alzada, deslizándose en círculo por todo el salón mientras el mareado liquido le acompañaba en tal proeza medieval, hasta que lentamente se situó a mis espaldas, pero yo seguía mirando al frente, ajeno voluntario a tal espectáculo, fiel a mis intenciones de.
    Pero no concluí el pensamiento. Un atroz golpe aterrizó sobre mi nuca dejándome completamente inconsciente.
    -Tenerlo todo preparado para las 21:00. El mismo control riguroso de siempre. No hace falta que diga nada más. – dijo vince al colgar la llamada que había hecho al gorila del primer piso –.
    No sabía cuánto tiempo había transcurrido. Estaba sentado en la silla, amordazado, con los ojos vendados y de fondo sonaba aquel waltz que vince tatareaba antes, perforando mis oídos y mi terrible dolor de cabeza.
    -Ya estas despierto,Henry? – dijo vince mientras me quitaba la venda negra de los ojos –.
    -Joder. – exclame mientras mis ojos se bañaban en lágrimas por el cambio brusco de luz al quitarme la venda –.
    -Justo a tiempo para la fiesta herny. Además, tu serás mi invitado de honor – acabó sonriente –.
    Vince estaba de nuevo de espaldas a mi y uno de los dos gorilas que habían en el salón, me estaba quitando las cuerdas que me aprisionaban. El otro, mientras, apostado en la puerta, hacia difícil ver que diferencia de tamaño había entre un armario del siglo XVI, con su espalda apoyada en el.
    -Lo que veras ahora Henry. – dijo mientras se giraba hacia mi –.
    -Que.
    -Tiene que ver con ciertas cosas que me guardas en tu sótano – dijo mientras me hacía un guiño de complicidad –.
    Esa frase me dejó helado, podría extenderme en lo que estaba pensando en esos momentos, pero, era mejor ir directamente al grano.
    La luz ya no entraba por las ventanas. Era oscuro. Por los nervios de los dos gorilas dedujé que la fiesta, si se le podía llamar así, estaba a punto de empezar.
    Mientras bajabamos la escalera de nuevo,vince me explicaba que me iba a encontrar en la fiesta. Mejor dicho, me dijo qué tipo de gente me encontraria, no lo que me iba a encontrar.
    -Veras desde abogados, policías, médicos, fiscales, jueces, políticos banqueros, mujeres de senadores y congresistas.
    -Y que hacen aquí? De que tipo es la fiesta? – preguntaba aferrado de nuevo a la pared para no caerme por los escalones –.
    -Ahora lo veras.
    Estábamos en el primer piso. Uno de los gorilas levantó una trampilla del suelo que dejó al descubierto una escalera que conducía a una especie de sótano. Si la primera escalera era tenebrosa, esta era completamente tétrica.
    Vince bajó primero, yo le seguí detrás y los dos gorilas se quedaron fuera mientras cerraban de nuevo la trampilla. Sonó como una especie de cerrojo sobre la trampilla de madera. Esto no me estaba gustando nada.
    Una vez abajo, justo antes de cruzar una puerta, mis ojos no volvieron a cerrarse.
    Vince se pusó unos guantes de piel, negros y una máscara con una expresión violenta del mismo color.
    Me acercó otra máscara para mí, negra también, pero con una expresión ambigua, labios normales sin mostrar ningún signo ni de preocupación ni de alegría, ni tristeza, una simple máscara, para ocultar mi rostro.
    Me la puse sin saber a que venia todo eso. Vince abrió la puerta y, lo que vi, me dejó sin respiración.
    Las dimensiones del sótano eran similares a las del salón del segundo piso, solo que aquí, decenas de personas sentadas en una especie de banco de piedra que salía de la pared, hacían acto de presencia. Todos vestidos de forma inpecable, todos con las caras cubiertas. Todos de negro, de arriba abajo. Guantes de piel escondian sus manos, máscaras ocultaban sus caras, los trajes negros su cuerpo.
    Unos leves murmullos pasaban de unos a otros. La luz era escasa, y mis ojos, ausentes de parpadeo, dieron una vuelta completa al sótano, siguiendo a todos y a cada uno de ellos con la mirada.
    Me quedé justo delante de la entrada sin mover ni un solo musculo.
    En el centro de esa circunferencia, se alzaba una especie de mesa redonda de madera, pero perpendicular al suelo, como una o de madera gastada, pero fuerte, rasgada, perfectamente anillada al suelo.
    En ella, unas especie de correas de cuero surgian a ambos extremos. Unas correas flagidas, que colgaban como ausentes, tanto por arriba, en el centro y por abajo.
    Delante de ella, y en el suelo, reposaba un impresionante cuchillo. La poca luz que había, se reflejaba en su hoja. Unos veinte centímetros de acero apuntaban al centro de esa rueda mortal que de un momento a otro, anunciaba querer un inquilino entre sus acuerados brazos.
    Vince se situó entre el cuhillo y la rueda. Alzó los brazos y todos y cada uno de los rostros cubiertos que le miraban, sacaron un considerable fajo de billetes.
    Un hombre de confianza de vince, encapuchado como los verdugos, recogía cada uno de los fajos introduciéndolos en una bolsa negra, y entregando a la vez, una extraña pieza de madera con un símbolo grabado en ella.
    Mientras aquel matón acababa de recoger los últimos fajos,vince se acercó hasta dónde estaba yo, atónito, confuso, nervioso, con pinchazos en el abdomen por la tensión que ahí se respiraba.
    -Toma Henry, esta ficha es para ti – dijo mientras me entregaba una ficha de madera negra con un símbolo rojo grabado en ella.
    -Que es esto? – dije mientras la observaba sin dejar de observar al resto de la gente y sus fichas marrones y doradas –.
    -Es mi ficha Henry, te dije que ibas a ser mi invitado de honor.
    -Que va a pasar aquí,vince.
    -Es muy simple Henry, hay juegos para niños, para jóvenes, incluso para adultos, pero, muchas veces, no hay juegos interesantes que, atraigan a los adultos, este si lo hace – dijo mirando como su número dos le entregaba la bolsa negra cargada de dinero –.
    -Qué tipo de juego es este. – pregunte con la sensación que la respuesta iba a ser peor que la pregunta –.
    -Diez mil dólares, aparte de otras muchas más cosas, son las que se necesitan para jugar, Henry. El desarrollo del juego, lo veras ahora mismo. Esta a punto de comenzar la función.
    -Y esto? – pregunté asustado mientras alzaba la ficha que me había dado –.
    -Por la cuenta que te trae, espero qué.–.
    Pero no acabó la frase. Me dio un ligero golpecito en el hombro y se dirigió de nuevo hacia el centro del terreno de juego.
    -Señoras,señores. Bienvenidos. Ya saben las normas. Aquí – dijo señalando una urna opaca que su número dos encapuchado le sostenia a su lado – tenemos las mismas fichas que tienen todos ustedes, incluida la mía.
    -Mierda. – pensé al oír eso.
    -Además, de la famosa ficha blanca. No creo que haga falta que les recuerde nada más.
    -Recuerdalo hijo de historia recuerdalo. – pensaba de nuevo mientras me Moria de los nervios y del miedo que estaba sintiendo en esos momentos-.
    -Así que, sin más dilación, que comience la función. – concluyó agresivamente, mientras la gente contestaba con una contundente palmada al unisono –.
    Vince, señaló al azar a uno de los totalmente confundibles personajes que estaban sentados. Se alzó y se acercó hasta su lado. Aquel individuo, levantó su mano derecha y la introdujo en la urna opaca de color negro con cenefas doradas.
    Su mano se removía temblorosa, pero decidida en su interior, hasta que vince le puso su mano en el hombro.
    En ese momento, el elegido, aferró dentro de su puño una de las fichas y retiró lentamente su mano de la abertura de la misma, para acabar con el puño extendido frente a vince.
    Aquel hombre, miró a vince, y giro su puño de forma que la palma de su mano miraba hacia el techo y lentamente, dejaba descubrir que ficha era abriendo de forma coordinada los dedos de su mano.
    Al dejar la ficha al descubierto, algunas de las caras se miraron entre sí, suspiros sonaban en algunos de los lados, murmullos generalizados se incrementaban, pero sin poder entender nada de lo que realmente se decía.
    Vince cogió la ficha entre sus dedos y se la mostró al auditorio girando lentamente 360 grados.
    Todavía no sabía si respirar, pero por lo menos la ficha que había salido era blanca y la mía negra, así que, mal mal, esperaba que no iba a ser, pero, entonces, el encapuchado, se dirigió hacia donde estaba yo y mis testículos experimentaron lo que sufren los astronautas al ascender al espacio.
    Pasó por mi lado sin mirarme, subió las escaleras y dio dos golpes en la trampilla. Acto seguido se oyó cómo se corría el cerrojo.
    Al momento, el encapuchado volvió a pasar a mi lado con una chica de unos 14 o 15 años sobre el hombro, incosciente, estida con una especie de camison blanco, o mejor dicho, era una simple sabana cortada con un agujero en la cabeza que le cubria el cuerpo.
    Mientras vince y el resto de la gente observaba sin perder detalle, el encapuchado amarraba a la chica en la gran rueda de madera. Sus brazos estirados por encima de la cabeza eran atados con las correas de cuero. Otra correa pasaba por la frente de la chica, dejando su cabeza pegada a la madera, mientras abría sus piernas para atarlas también en sendas cuerudas correas.
    No me había dado cuenta hasta ahora, pero las paredes del sótano estaban recubiertas de un extraño material. Una especie de cajas de huevo que se utilizan para insonorizar estudios de grabación, por eso el calor se estaba haciendo cada vez más insoportable.
    Para finalizar la tarea, el descomunal encapuchado, puso como una bola de color anaranjado rojizo dentro de la boca de la chica con una correa que le pasaba por detrás hasta la nuca, y de un tirón, rasgaba por completo la sabana que la cubria dejando al descubierto su cuerpo juvenil.
    Lo que pasó a partir de esos momentos, escapa a la razón de cualquier persona. Visto lo que estaba pasando podía esperarme lo que iba a pasar, pero, mi ingenuidad, hizo que me horrorizara como nunca en la vida me había pasado. Nauseas, arcadas, tener que quitar la mirada. Sentir como mis entrañas se revolvían por completo, hicieron, que mi estómago se planteara recordarme la marca de la primera papilla que tomé en mí infancia.
    Vince, lanzó un vaso de agua a la cara de la chica para que despertara. Abrió los ojos y no fue capaz de asimilar todo lo que estaba ocurriendo. En los primeros instantes ni se dio cuenta que estaba desnuda, solo vio a toda esa gente de negro envolviendola. Luego las sensaciones de las muñecas, tobillos, frente, de estar amarradas, se hacieron patentes. La histeria y el miedo salieron a flor de piel. Intentaba zafarse inútilmente. Intentaba chillar, inultimente. Intentaría sobrevivir, inútilmente, pero incluso así, se veía por las contracciones de su estómago que no dejó de chillar ni un solo instante.
    Cada uno de los presentes tenía dos minutos y medio para acercarse a ella y a partir de ahí, excepto asestarle algún golpe mortal o cortarle alguna arteria principal, podía hacer lo que le placiera.
    Unos la violaron repetidamente, otros la apalizaron, otras la violaron y le cortaron las orejas, los dedos, poniendo gomas entrelazadas en los muñones que le acaban de causar, para que no se desangrara y aguantara viva más tiempo. Otros recorrieron su cuerpo escupiendola, insultándola, abofetean-dola, otros tan solo se arrodillaban ante ella y lamian sus pies, otras lamian la sangre de sus heridas, otros se corrían sobre ella, otros introducian objetos en su vagina y en su ano, desgarrándola por completo, mientras ella, impotente, casi inmóvil, eia, sentía, padecía, sufría, agonizaba, lloraba, Moria de dolor incesante y amargas lágrimas descendian por el maltrecho rostro desfigurado, anunciando el preludio apocalitiptico final.
    El acero del cuchillo abría su piel, sus músculos, cortaba su pelo, sus pezones, recorría cada centímetro de su cuerpo, contrastando el frío del acero con la ardiente impotencia y el dolor que sufría. Ni siquiera explicándolo durante toda la eternidad podría reflejar todo el dolor que tuvo que sentir en sus carnes, en su cuerpo, en su alma.
    Cuando todo el mundo;hombres y mujeres hubieron pasado por ella, vince tomó el cuchillo con su mano derecha, y la miró a la cara.
    Tenía la cara descoyuntada, la mandíbula rota, al igual que las cejas, los labios, los pómulos y el resto de su cuerpo, tintado en sangre.
    Acercó sus labios lentamente sobre su frente, y le dio un beso. La miro de arriba abajo. Miro a todo el que estaba ahí y introduciendo el cuchillo con fuerza a la altura del abdomen, lo giró 90 grados y ascendio abriéndola en canal mientras los ojos de la chica salían de sus orbitas.
    Vince la abrió por completo desde el ombligo hasta el mentón, dejando caer los intestinos al suelo inundado de 8 litros de sangre, semen, saliva, pelo y partes troceadas de aquella pobre chica, haciendo una especie de tutifrutti macabro.
    Cuando hubo terminado. Vince pasó la hoja ensangrentada por su lengua mientras el encapuchado bañaba con cal viva a la joven, que por fin, dejaba de respirar.
    Se acercó hacia a mí, con el cuchillo aún entre sus manos mientras el resto de la gente seguía murmurando, comentando, delirando en un placer irracional, incompresible, impensable.
    -Puedes devolverme la ficha. – dijo extendiendo su mano.
    Pero no reaccióné, mis ojos estaban aún clavados en el rostro de aquella niña, no era capaz de asimilar lo que había ocurrido.
    -Herny, la ficha, – dijo moviendo la mano hacia mi cuerpo –.
    -Pero que es esto. Vince que es esto. – dije mientras le daba la ficha como si tuviera párkinson en la mano –.
    -El que? – contesto extrañado mientras miraba detrás del –.
    -Que hubiera pasado si hubiera salido mi ficha.
    -Je, no te hubiera gustado nada Henry. Tu, hubieras ocupado su lugar – dijo tan tranquilo como si no tuviera importancia –.
    -Que va a pasar con la niña?
    -Ah.tranquilo, ahora la troceamos y te la mandamos a casa.
    -Que?
    -Es broma hombre relájate, estas muy tenso. – dijo mientras me daba un par de golpes en el hombro y me invitaba a subir de nuevo las escaleras hacia el mundo real –.
    Ya no sabía que pensar. Ya no sabía ni si matarlo, es más, esa idea ya no estaba en mí cabeza, ni eso, ni Susan, ni vince ni nada, solo la imagen de la gente frente a esa niña y yo, soy tan culpable como ellos, quiera admitirlo o no, porque en el fondo.

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    Hacia dos días que Susan ya estaba en casa. Aun se le podían ver algunas de las heridas y magulladuras que tenía en el cuerpo.
    Desde que volvió del hospital, estaba totalmente apagada, con la mirada perdida, como si estuviera en su mundo. Supongo que la gran cantidad de pastillas que tenía que tomar la atontaban de ese modo.
    Estábamos sentados en el sillón mirando el programa de Jerry Springfield cuando alguien llamó a la puerta.
    -Toc, toc. Señor Maxwell? Fbi.
    -FBI – pensé mientras miraba como Susan ni se inmutaba y seguía absorta en sus pensamientos –.
    -Herny Maxwell. Fbi.
    -Sí, ya voy ya voy. – dije mientras me levantaba e iba a abrir la puerta –.
    -El señor Maxwell? – dijo uno de los dos corpulentos agentes cuando abrí la puerta –.
    -Si, yo mismo, que pasa? – pregunte mientras examinaba esos caros trajes-.
    -Podemos entrar señor Maxwell?
    -Para que?
    -Podemos entrar? – repreguntó el otro agente –.
    -Tienen una orden?
    -No. – dijeron al unisono –.
    -Entonces me temo que tendrán que quedarse aquí fuera.
    -Conoce de algo al señor kaikaraichi?
    -Perdón? Caraicaracaque? – dije en una especie de travalenguas –.
    -Kaikaraichi,vince kaikaraichi. – apuntó el agente más joven –.
    -Vaya kaikaraichi, no, no me suena de nada.
    -Señor Maxwell, tenemos aquí unas fotografías sobre.
    -No un momento un momento. Yo no sabía nada de ese juego ni de esa fiesta. Yo fui obligado no, no sabía ni que existiera, se lo juro.
    -Que fiesta? – preguntó el agente joven –.
    -Juego? Que juego? – preguntó el otro agente –.
    -Mierda. – pensé –.
    -De que está hablando señor Maxwell?
    Cuantas veces hemos oído la frase, tierra tragame? Si, esa sensación en la que te das cuenta que acabas de meter la pata hasta el fondo y que en ese momento tu única salvación seria que las fauces de las entrañas de la tierra se abrieran camino hasta tus pies para hacerte desaparecer de ahí.
    -Sh SH, nada, nada. – les hice poniéndome el dedo en la boca, – una aventura que tuve el otro día en un local de dudosa moralidad con un par de rusas. – acabé mostrando de reojo a Susan estaba dentro.
    -Señor Maxwell, será mejor que no hable a nadie de esas fiestas. – dijo uno de los agentes –.
    -No por supuesto que no tranquilo tranquilo. – conteste inocentemente –.
    -Ni de vince kaikaraichi, señor Maxwell. – amenazó el otro –.
    -No se de que me están hablando.
    -Más le vale señor Maxwell, eso es todo, que tenga un buen día. – dijeron mientras se alejaban del portal y subían de nuevo en su flamante coche oscuro –.
    Vaya, aquí está todo el mundo metido en el ajo. Peces gordos del FBI, senadores, congresistas, policías, bufets de abogados, y yo, el último mono, pringado hasta el culo.
    En ese momento sonó el móvil dentro del bolsillo de mi pantalon.
    -Diga?
    -Creo que ya has recivido la visita de unos amigos míos.
    -Si. – conteste al reconocer la voz –.
    -No quiero volver a enterarme que se te ocurre ir a poner una denuncia a una comisaria por lo que viste, porque, sabes que hicieron con la denuncia Henry? Sabes que hicieron?
    -No.
    -La guardaron dobladita en un cajón para que el día que nazca tu hija se la puedan meter por el culo Henry. Se puede saber a que coño estas jugando?
    -A nada, no, yo.
    -Callate.
    -Si.
    -Hasta ahora te he tratado como un hermano Henry y me lo pagas así? No tuviste suficiente con lo de tu mujer?
    -Ella no tenía nada que ver.
    -No tenía nada que ver no tenía nada que ver ñiñiñiñi ñiñiñi, estas todo el día quejándote herny.
    -Lo siento.
    -Lo sientesí?
    -Si.
    -Pues pide disculpas.
    -Lo siento.
    -Crees que todos mis jugadores aceptaran este tipo de disculpas Henry? Cres que aceptaran que les estés tocando los huevos. – chilló de tal manera que tuve que separarme el móvil de la oreja varios centímetros –.
    -No lo se.
    -No lo sabes no lo sabes ñññiñiñiñiñi no lo sabes ñiñiñiñi. Sabes que vas hacer para que no te maten Henry? Lo sabes?
    -No, no lo sé, no lo sé. – dije cagado de miedo –.
    Se cortó la comúnicación, y con ella los latidos de mi corazón, mi consciencia, mi respiración, mis pensamientos, los parpadeos, todo quedó pausado.
    Volvió a sonar el móvil y como si de repente volvieran aparecer todos mis sentidos que se habían difuminado por el salón, apreté el botón de ok para descolgar la llamada.
    -Diga? – contesté medio histérico –.
    -Diga?
    -.
    -Mierda. – chillé mientras arrojaba el móvil contra una de las paredes –.
    -Que pasa Henry? – preguntó Susan desde el sofá medio zombie –.
    -Mierda calla Susan. – dije mientras me ponía una mano en la cabeza y andaba de forma cirular –.
    En ese momento sonó el teléfono de casa, que estaba sobre una mesita al lado del sofá donde estaba Susan.
    -Si? – dijo ella al descolgar –.
    -Susan suelta eso?
    -Quien es? – preguntó mientras me miraba con cara extrañada –.
    -Susan cuelga el teléfono.
    -Si, sí, aja, si mejor gracias. No, no, sí, va bien.
    -Susan cuelga cuelga cuelga cuélgalo ya.
    -Un momento. – dijo mientras tapaba el aparato con su mano – Henry quieres calmarte? Tenemos que ir al hospital esta tarde.
    -Que? Porque?
    -Si, si no se preocupe, endra conmigo, aja, sí, no se preocupe, aja, de acuerdo hasta luego.
    -Que pasa? Porque tenemos que ir al hospital.
    -Nos tienen que hacer unas pruebas.
    -Unas pruebasí? Unas pruebas de que? Ya estas en casa, y, y, además a mí no me tienen que hacer ninguna prueba de nada.
    -Henry tranquilízate.
    -No voy a ir al hospital.
    Mierda. Seguro que algún medico de los de vince me inyecta oxígeno en una vena y me matado, yo qué sé, no puedo fiarme de nadie, está todo el mundo metido en el ajo.
    -Henr y, necesito que me acompañes al hospital. – me dijo poniendo cara de niña –.
    -Esta bien, pero yo no entro. Te acompaño con el coche y me quedo fuera y de ahí no me muevo.
    -Vale, como quieras.
    Mientras Susan se estaba cambiando de ropa yo pensaba en lo peligroso que era salir de mi casa en desesperados momentos, no sabía quien estaba del lado de vince, y en cualquier lado, en cualquier momento, podían, podían, dios, si le hicieron eso a esa niña sin conocerla de nada, a mí, que intente denunciarlos, joder.
    -Vamos Henry, al final llegaremos tarde – dijo mientras bajaba las escaleras hacia el salón –.
    Subimos en el coche y solo salir del parking empecé a mirar por el retrovisor si algún coche nos seguia. Miraba a la gente de la calle, los coches que había por delante, por detrás. Normalmente siempre conducía con las ventanillas bajadas, en el primer semáforo que nos encontramos en rojo, subí las ventanillas, no quería arriesgarme.
    -Henr y, te pasa algo? Te comportas de modo extraño.
    -No, nada, – conteste sin dejar de prestar atención a todo lo que sucedía a mi alrededor –.
    -Henr y, el semáforo. Esta en verde.
    Agarraba el volante como si me agarrara a una rama en un precipicio y Susan me miraba como si estuviera poseído, pobre, no sabía que lo estaba haciendo para protegerla y para protegerme a mí mismo, pero por su bien no podía contarle nada más, no quería perjudicarla más de lo que lo había hecho ya.
    Por fin llegamos a la entrada del hospital. Susan se bajó del coche y se dirigió hacia dentro. Yo seguía en el coche sin dejar de controlar a cada persona que entraba o salía de la misma puerta. Entonces,Susan salió acompañada de un hombre de bata blanca, acercándose hacia mi ventanilla.
    -Henry. – dijo Susan gesticulando con su mano para que bajara la ventanilla –.
    -Que pasa? – dije mosqueado mientras la bajaba –.
    -El doctor smerson necesita que entres.
    -Hola – saludo atentamente el doctor –.
    -Ni hablar.
    -Tiene algún problema señor Maxwell?
    -No, no me pasa nada – conteste arrogante sin soltar las manos del volante –.
    -Hagame caso, estará más seguro dentro del hospital. – dijo guiñándome un ojo –.
    -Mierda. Ostia. – pensé mientras fundía el volante en mis manos, no tenía que haber venido.
    Bajé del coche cerrándolo de un portazo. Seguí a Susan que a la vez seguía al doctor smerson.
    Pasamos por consergeria, directos hacia el ascensor. Ese tipo de ascensor de hospital, metalizado, alargado, en el que cabe perfectamente una camilla.
    El doctor pulsó el octavo piso. Estábamos los tres solos en el ascensor, ahora sacaba un bisturi y nos rajaba a los dos, nos metía en el depósito de cadáveres y aquí se acaba la vida de Henry Maxwell, nadie pregunta, nadie sabe nada.
    -Henry. Henry? – me dijo Susan mientras me agarraba de un brazo para que saliera del ascensor –.
    -Voy voy. – conteste dejando a un lado mis pensamientos –.
    Caminamos a lo largo de un pasillo, con numerosas puertas a ambos lados. Habían algunos enfermos por el pasillo, unos con camilla, otros caminando apoyándose en la pared, todos me miraban, y si alguno de ellos estaba fingiendo? De repente podía sacar una beretta y vaciar el cargador en mí pecho, sí, con silenciador nadie se daría cuenta, me recogerian me pondrían en un contenedor y.
    -Henry. A dónde vas? – dijo de nuevo Susan mientras me cogía por la espalda al haberme pasado de la puerta donde ellos se habían parado –.
    -¿eh? No eh, nada.
    -Si son tan amables. – dijo el doctor smerson ofreciéndonos la entrada a su despacho –.
    El típico despacho de medico. Mesa grande, dos sillas para los pacientes y una muchísimo más cómoda para el doctor. Estanteria llena de libros, una ventana grande, una báscula, camilla, itrina con medicamentos, una puerta que daba a otra habitación. Sobre la mesa, papeles, informes, un calendario, clips, carpetas finas de varios colores.
    Nos sentamos al igual que el doctor y, empezó el interrogatorio.
    -Como se encuentran? – preguntó amablemente –.
    -Bien – contestamos ambos –.
    -Como va su migraña señor Maxwell?
    -Como siempre, jodida. – conteste prestando atención a las dos puertas por si en cualquier momento pudiera entrar alguien sin que me lo esperara –.
    -Sufre insomio también?
    -¿eh? Si, bueno, últimamente si.
    -Exaltacion?
    -Un poco.
    -Bastante. – dijo Susan mientras me miraba –.
    -Verbosidad sin continuación lógica?
    -Que? Lógica de sin continuación de que?
    -Si, – dijo Susan de nuevo –.
    -Oye a quien le está prenguntando? A ti o a mí? – dije mirándola a ella-.
    -Tranquilo señor Maxwell, a veces, los que nos son cercanos se dan cuenta de los cambios que sufrimos más que nosotros mismos.
    -Ya, claro. – contesté resigando –.
    -Sufre ataques de ansiedad?
    -Bueno, últimamente quizá, sí, bueno, pero por los nervios ya sabe.
    -Angustia?
    -Joder vale ya de preguntarme ami. No estamos aquí por ella? – contesté agresivamente –.
    -Claro claro, no se preocupe. Susan si es usted tan amable, acompáñeme a la sala de aquí al lado. – dijo el doctor mientras se levantaba y señalaba la puerta que tenía a su derecha, al lado de un gran espejo con un marco de madera barnizada –.
    -Me tengo que quedar aquí? – pregunté mientas los seguía con la mirada –.
    -Si no le importa. – dijo el doctor mientras abría la puerta para que pasara Susan –.
    -No.claro, no me importa. – conteste falsa e irónicamente –.
    Susan pasó por la puerta y seguidamente el doctor, cerrándola tras de sí.
    Era una sala muy pequeña, con una ventana muy grande, que curiosamente, era el espejo en el que estaba mirándome yo. Es el típico espejo de una cara que hay en las comisarias donde se interroga al sospechoso.
    -Susan, es lo que nos temiamos.
    -Me ha costado mucho traerlo hasta aquí.
    -Ya lo he visto, además tiene todos los síntomas como bien le comente que podría suceder.
    -Cree que se está volviendo loco?
    -No lo sé, deberíamos hacerle unas pruebas para acabarnos de cerciorar, pero muestra síntomas que son bastante preocupantes: ansiedad,insomnio,exaltación, mania persecutioria, comportamiento paranoide.
    -Dios.
    -No, tranquilicese Susan, también podría ser un cuadro critico de extress y ansiedad, pero para eso tenemos que hacerle las pruebas.
    -No se dejara.
    -Bueno, intentaremos convencerle sin decirle la verdad.
    -Como piensa hacer eso?
    -Usted sigame la corriente.
    La puerta volvió abrirse, y entraron de nuevo el doctor y Susan para tomar respectivos asientos.
    -Bien señor Maxwell, su mujer por fin se ha podido despedir de su padre.
    -De mi padre? Pero de que bien? Mi padre está muerto, – dije mirando a Susan sin entender nada –.
    -No cariño, del mío.
    -Pero si también está muerto.
    -Si, pero mediante la hipnosis, ha podido hacerlo – aclaro el doctor –.
    -Hipnosis? Eso que suena una campana y sales haciendo el perro? Por favor. –dije cruzándome de brazos –.
    -No me refiero a la parafernalia televisiva que se usa para vender y ganar audiencia señor Maxwell, me refiero a la hipnosis clínica.
    -Tiene razón Henry.
    -Y eso, funciona?
    -Si. – contestó Susan antes que el doctor – ahora es como si recordará perfectamente como me he despedido de el, he sentido su abrazo, su vo, z, su cuerpo.
    -Si, tiene razón, con la hipnosis pueden conseguirse muchas cosas.
    -No acabo de creérmelo, pero, no habíamos venido por el accidente de Susan? A que viene esto?
    Susan se quedó callada, mirando al doctor para ver por dónde podían salir.
    -Señor Maxwell, siento comunicarle esto ya que usted no lo sabía, pero, el padre de Susan, cuando era pequeña, la maltrataba físicamente, o por lo menos eso creía ella.
    -Que? – dije mirando a Susan.
    -No, espere, no la maltrataba exactamente. Un día su padre le levantó la mano para pegarla, pero no lo hizo, pero eso se le quedo grabado en la mente y por eso sentía ese, ese sentimiendo de defensa hacia su padre, por eso no se despidió del cuando murió. Con el paso del tiempo, y a medida que el sentimiento de culpabilidad afloraba por no haberse podido despedir de el, le hizo recordad lo que sucedio, y así, reconocer que esa defensa no tenía que haber existido nunca, y de ahí, el malestar de no haberse podido despedir de él.
    -Será tan tonto como para creerse eso? – pensó Susan, y el mismo doctor al acabar su exposición –.
    -Vaya, no sabía nada de eso, yo. – dijo mirando a Susan – porque no me lo contaste nunca?
    -Eh, pues. – dijo Susan en un aprieto –.
    -Le gustaría a usted despedirse de alguien señor Maxwell? - Dijo el doctor lanzándole un cabo a Susan –.
    -Yo?
    -Si, de su madre, su madre, no sé.
    -No por dios, bastante tuve que aguantar hasta que murieron, pero, mi abuelo murió cuando yo apenas era un niño pequeño, debería tener 3 años, así que, no tengo muchos recuerdos de el. Podría con la hipnosis recordarlos, hablar con él.
    -Por supuesto que sí. – dijo smerson con una mirada de complicidad hacia Susan –.
    -Y que hay que hacer?
    -Bueno pues nada, es muy simple. Tiendase en la camilla – dijo ofreciéndomela con su mano –.
    Como un niño al que le van a mostrar algo nuevo y desconocido hasta el momento, me levante en busca de la camilla. Me sente sobre ella. El doctor inclino un poco el respaldo y me hizo tumbar completamente en ella en una postura muy cómoda y relajante.
    -Bien señor Maxwell, cierre los ojos, y busque una postura cómoda.
    -Ya. – conteste –.
    -No hace falta que conteste, solo escuche mi voz. Piense que está en un lugar oscuro y delante de usted, está el primero de un número inconcreto de escalones que bajan hacia abajo. Usted se sitúa en el primero y lentamente, empieza a bajar uno a uno los peldaños. A cada peldaño que baja se encuentra más y más relajado. A cada peldaño que baja, un poco de luz ilumina su camino, sigue bajando los peldaños uno tras otro y su cuerpo se relaja más y más.
    El doctor siguió con su inicio de hipnosis, mientras Susan, observaba atentamente como proseguia el ritual de relajación y pre-hipnosis, hasta que quede completamente, dormido.
    -Bueno Susan, tenemos algo. – dijo mientras se giraba para mirarla a los ojos –.
    -Esta hipnotizado?
    -No exactamente, ahora está en un estado de relajación profundo.
    -Pero va bien quiero decir, que sí.
    -Si tranquila.
    El doctor smerson, prosigió con su hipnosis preguntándome cosas sencillas, a las cuales yo respondía sin ser consciente. Mi cuerpo y mi mente en esos momentos, estaban en las manos de aquel doctor.
    Tras varias horas de indagación Mental, smerson se sentó al lado de Susan para explicarle el principio de su tesis.
    -Susan, es posible que su marido tenga una sombra.
    -Si, pero ahora estando tumbado y con la luz del fluorescente del techo, no creo que la veamos, qué importancia tiene eso? – preguntó extrañada –.
    -No, no una sombra de ese estilo. Según jung una sombra son.
    -Jung? – repregunto de nuevo –.
    -Escucheme por favor.
    -Sisi perdone perdone.
    -Son los aspectos ignorados, rechazados e inadaptados del sujeto que pueden irrumpir en la conciencia sin aviso, traduciéndose entonces, en estados de ánimo o conductas que el mismo sujeto no puede explicar ni adscribir a sí mismo. La sombra puede ser proyectada en otros, cuando asignamos cualidades a otras personas que rechazamos en nosotros mismos.
    -Es 100% seguro?
    -No, por supuesto que no, en una primera hipnosis, todo es circunstancial, solo es un pequeño punto de partida en el cual podemos empezar a estudiar.
    -Entiendo, entonces, de momento solo son, imaginaciones.
    -Hipotesis.
    -Hipotesis.
    -Mientras las cualidades fuertes se intensifican en la conciencia, el lado más débil e inadaptado se retrotrae hacia el inconsciente. Allí formara una constelación que, una vez cargada de libido o energía suficiente, sale a la superficie bajo la forma del complejo autónomo llamado sombra, que viene a representar el lado más débil u oscuro de la personalidad. En la condición neurótica la sombra aumenta considerablemente cubriendo gran parte de la personalidad.
    -Quiere decir entonces que Henry, no es Henry.
    -No, no. Henry es Henry, solo que es posible, que haya momentos que no sé de cuenta que es el mismo.
    -Como si tuviera una doble personalidad?
    -No, no es lo mismo.
    -No le entiendo entonces, el subconsciente de Henry le controla? O que quiere decir exactamente?
    -Veamos, la sombra, ubicada en el inconsciente personal, puede ser controlada, pero cuando se desplaza a estratos más profundos, dicho complejo adquiere cualidades arquetípicas, adquiere más energía y ejerce más fácilmente su efecto.
    -Dios santo.
    -Pero le vuelvo a decir que no es una conclusión, es tan solo una hipótesis, como pueden haber muchas más.
    -Peores que esta?
    -Complementarias.
    -Dios mío que le está pasando a mi marido?
    -Pues con su ayuda, con más hipnosis y, otras cosas, podremos redactar una conclusión firme, clara y exacta.
    -Pero para eso, habría que internar a herny?
    -Si, seria lo más adecuando y prudente.
    -Contra su voluntad?
    -.
    -Entiendo.
    -Mientras tanto, será mejor que lo saquemos de este trance hipnótico, y hacerle creer que se ha despedido de su abuelo, para que gane confianza conmigo. Lo de ingresarlo no se preocupe, no se enterara.dejelo en mis manos.
    El doctor smerson, empezó a elocuar el proceso inverso a la hipnosis, hasta que finalmente abrí los ojos lentamente y de forma borrosa volví a ver todo lo que me rodeaba, aunque eso sí, ahora de manera muchísimo más tranquila y sosegada.
    -Que tal se encuentra señor Maxwell?
    -Perfectamente, como, como si hubiera estado soñando.
    -Lo recuerda todo – preguntó mientras esperaba la respuesta de la despedida de su abuelo ya que el resto se había ocupado que no lo recordará –.
    -Sí, perfectamente, como si acabara de pasar, además, me encuentro como si me hubiera fumado María, estoy como flotando, relajado, ei Susan, hola – dije mientras levantaba la mano para saludarla –.
    -Hola. – contesto de forma tonta también, levantando la mano igual que yo, como si se tratara de la película dos tontos muy tontos –.
    -Le apetece un café, señor Maxwell?
    -Si, gracias.
    -Bien salgamos a tomar el aire entonces. –dijo mientras nos abría la puerta del despacho y nos acompañaba a una especie de jardín interior que había en la planta –1 –.
    Era un jardín espacioso, donde el cantar de los pájaros te envolvía por completo. No había ningún ruido mol esto, era como un oasis acústico en medio de la ciudad. En ese momento sonó mi móvil.
    -Perdonar. – dije mientras lo cogía y me alejaba un poco de ellos –.
    -Henry, ya he encontrado la forma de que te disculpes.
    -Vince, ahora, no, no es buen momento.
    -Ñiñiñiñi ñiñiñi siempre te estas quejando. Ñiñiñi no es buen momento ñiñiñi estoy cansado ñiñiñiñi la vas a cagar ñiñiñiñi ñiñiñiñi.
    -Que quieres que haga. – pregunte mientras les miraba con una falsa sonrisa disimulando mi conversa con vince –.
    -Mis jugadores quieren deleitarse con un medico negro con bata blanca.
    -Quieres que secuestre a un medico? Tu estás loco? Por que no lo haces tú? Tu tienes los medios para hacer lo que quieras. Qué quieres que me, que me, ni hablar, estás loco vince.
    -Era una broma. Henry, relájate, ya tenemos repuesto de conejillo de indias.
    -Quien?
    -De veras quieres saberlo Henry?
    -Ya no lo sé, no sé nada ya.
    -Uno de mis batas blancas, está a punto de coger a un conejillo de indias en un precioso jardín de un hospital no s alguno por ahí?
    -Mierda, porque me estas contando esto, tío?
    -Porque no vas a escapar Henry, ya eres nuestro.

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